sábado, mayo 30, 2015

“LA DIVINA COMEDIA”, DANTE ALIGHIERI (ESPECIAL INFIERNO EN LUX ATENEA WEBZINE).

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Lux Atenea Webzine conmemora el 750º aniversario del nacimiento del maestro de la literatura italiana DANTE ALIGHIERI (1265 - 1321).

Publicado por:   EDICIONES JOVER / CRÉDITO BIBLIOTECARIO, S.L.
ISBN:  84-7093-363-9
Edición:  1991
Páginas:  XXVI + 240 páginas (TOMO I) / 196 páginas (TOMO II)

“No ha habido jamás en el mundo persona tan pronta a procurar su bien y evitar su daño, como lo estuve yo al escuchar tales palabras. ”

Hoy, 30 de mayo de 2015, este medio de información cultural en Internet conmemora el 750º aniversario del nacimiento del maestro italiano Dante Alighieri (1265 - 1321). Los bibliófilos lectores de Lux Atenea Webzine ya conocen mi pasión por su ilustre obra “La Divina Comedia”, esencia cultural inmortal que valoro y enaltezco personalmente como el libro de los libros por excelencia. Desde el año 2006, en este medio de información cultural underground estoy reseñando obras literarias cuya temática está dedicada a “La Divina Comedia” por su relevancia, ya sea un ensayo dedicado al estudio de su mensaje oculto y de sus claves simbólicas, o ya fuera por el excelso reflejo visual de su contenido realizado por relevantes figuras artísticas tan ilustres como Gustave Doré (1832 - 1883) o William Blake (1757 – 1827), convertido ya en uno de mis pilares informativos y culturales más importantes. Personalmente, escribir sobre “La Divina Comedia” es siempre un placer. Un anhelado retornó a la relectura de una obra inmortal siempre atrayente, siempre cubierta por ese halo de misterio, y siempre resplandeciente ante la mirada del lector que decide adentrarse en el universo Dante poblado por personajes y escenarios inolvidables que transmiten sabiduría, ya sea nítidamente u ocultamente a través del mensaje metafórico. Leer “La Divina Comedia” es siempre apasionante, y una de las ediciones que más me ha impresionado por su calidad de impresión y por su gran formato es la aquí presente, seleccionada, leída y analizada especialmente para este aniversario tan especial a través de esta reseña cuya temática principal estará dedicada en exclusiva al análisis de uno de los escenarios más impresionantes y cautivadores de esta excelsa obra: el Infierno.

“Es de condición tan malvada y ruin que nunca ve satisfechos sus ambiciosos deseos, y después de comer tiene más hambre que antes.”

Esta auténtica joya de biblioteca es un lujoso ejemplar perteneciente a las 5.000 unidades hechas artesanalmente a la antigua usanza por la editorial Jover en el año 1991, y en exclusiva para Crédito Bibliotecario, S. L., habiéndose cuidado en su impresión y en su encuadernación hasta el más mínimo detalle hasta ofrecer una excelsa edición que impresionará a nuestros bibliófilos lectores por su calidad. De adquisición más que recomendada en librerías especializadas, esta edición está formada en su conjunto por dos tomos de gran formato, atesorando en sus páginas no solamente la excelsa obra de Dante en su idioma original, sino también con la ilustre traducción al idioma español realizada por Don Cayetano Rosell en el siglo XIX, y con prólogo y anotaciones firmadas por Don Juan Eugenio Hartzenbusch. Si a este halo intelectual y académico de renombre le unimos las exquisitas láminas creadas por el mítico ilustrador francés Gustave Doré, sobradamente conocido por nuestros lectores tras las obras literarias por él ilustradas que vengo reseñando en este medio de información cultural underground, hablar de esta emblemática edición de “La Divina Comedia” es hacer referencia a una de las publicaciones más impactantes y selectas de esta obra. En estos dos tomos podrán disfrutar contemplando atentamente las impresionantes láminas creadas por el maestro de la ilustración Gustave Doré para esta obra universal, con 34 láminas dedicadas al Infierno, 33 láminas al Purgatorio y 31 láminas para el Paraíso, sumando un total de 98 láminas con una definición y un colorido espectacular en esta aristocrática edición. Y celebrar este conmemorativo aniversario con esta elegante edición no solamente se trata de subrayar la relevancia literaria del maestro Dante Alighieri en “La Divina Comedia”, sino también de rendir culto a las primeras luces del idioma italiano que, en su inicio, tomó a la ilustre obra de este genio florentino como punto de partida para su perfilamiento académico e institucional, ampliándose su uso cotidiano de forma progresiva en toda Italia mientras se conservaba a su vez los diferentes dialectos existentes en la península itálica. Pero siempre manteniendo la obra de este maestro florentino como referencia principal. Mayor honor y relevancia no puede haber alcanzado un genio de la literatura en su tierra natal y con su idioma, salvo el florentino Dante Alighieri con esta obra.

“Por mí se llega a la ciudad del llanto;
por mí a los reinos de la eterna pena,
y a los que sufren inmortal quebranto.”


Dante, “La Divina Comedia” y el Infierno.

Como muchos lectores ya conocerán, “La Divina Comedia” está dividida en tres grandes apartados que la vertebran: Infierno, Purgatorio y Paraíso. En esta reseña dedicada a este emblemático aniversario, voy a analizar y a describir con mayor profundidad el mensaje y el contenido simbólico de la primera parte de la obra que tiene como escenario principal al Infierno. Algunas claves del Infierno ya las comenté en mi reseña dedicada a dos ediciones de “La Divina Comedia”, junto a las claves del Purgatorio y del Paraíso. Pero, en esta reseña tan especial, voy a profundizar un poco más en los secretos de esas tenebrosas profundidades descritas en esta Obra Maestra de la Literatura. Vertebrado por versos de gran belleza, el arte poético de Dante se transforma en un mundo donde conviven lo simbólico y lo explícito con lo alegórico, existiendo paralelismos muy precisos y detallados con la realidad histórica. Lo más curioso es que Dante escribe “La Divina Comedia” y protagoniza a su vez esta obra, junto al poeta Virgilio que le acompañará por este Infierno sirviéndole como guía. Con la figura de Beatriz erigida como faro que le sirve de referencia y de impulso existencial para seguir avanzando, a pesar de las difíciles situaciones que se irá encontrando durante este viaje, indudablemente, este caminar por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso se convierte en un minucioso proceso espiritual y místico por su mensaje trascendente. Pero Dante se presenta en su obra como un personaje sensible, emotivo, con debilidades y temores, en definitiva, como un ser humano común y no como un héroe valeroso y poderoso que a todas las dificultades se enfrenta, y con coraje y valor siempre sale victorioso. No hay que olvidar que, por su carácter espiritual, “La Divina Comedia” no es una aventura existencial marcada por una serie de pruebas a superar, sino que es planteada por Dante como un camino de redención y de autosacrificio destinado a la purificación del alma. Por este motivo, la fuerza o el poder no son claves para poder llegar al final de esta travesía, sino la voluntad de transformar el interior del ser para dar paso a la luz divina, donde antes existía la densa obscuridad del materialismo, de los vicios carnales, y del egoísmo humano. Una expiación difícil y compleja donde las debilidades del propio individuo siempre afloran, de ahí la trascendencia y la gravedad de los actos cometidos en este mundo con nefastas consecuencias en otras personas porque, una vez terminada su existencia sobre la tierra, en esta obra siempre acaban teniendo su inexorable castigo en el Infierno y en el Purgatorio, ya que en el Paraíso solamente se entra con la virtud reflejada en el mayor o menor grado de purificación del alma. Centrándome de nuevo en la temática de esta reseña sobre el Infierno, será la descripción del castigo sobre quienes cometieron esos pecados lo que creará una atmósfera de siniestra belleza en la mente del bibliófilo durante su atenta lectura. Un juicio inmisericorde de inexorable karma respecto a las dramáticas y trágicas consecuencias que esos actos terrenales conllevan al alma del individuo, y siempre post-mortem. A nivel simbólico, en su obra maestra, Dante simboliza al alma y Virgilio a la Razón, una Razón que sirve de guía pero que tiene sus límites para el alma, todo lo contrario a Beatriz al representar a la Gracia Divina y a la Sabiduría para poder alcanzar la purificación completa del alma. En la vida real, Beatriz fue el nombre de la mujer que Dante amó e idealizó en vida, pero en realidad ella no fue un ejemplo muy claro y evidente de esa cualidad salvífica para el alma. Pero no hay que olvidar que Beatriz fue idealizada por Dante, y el Ideal pertenece y cobra su sentido de ilimitada perfección dentro del mundo espiritual, y no en el acotado e imperfecto mundo material que siempre nos limita y encadena. Unos conceptos que no hay que olvidar durante la lectura de este libro.

“Nuestra única pena es vivir con un deseo, sin esperanza para conseguirlo.”


El Infierno de Dante: el Infierno en el Cristianismo nace en el Medievo.

Aunque actualmente el conocimiento del Infierno es ya universal, en Europa, no es hasta la Edad Media cuando aparece dentro del Cristianismo como lugar de tormento después de la muerte para quienes no han redimido sus pecados en vida. Anteriormente, era el pecado (o los pecados) los que condenaban al alma del individuo, fuera creyente o no, pero dentro de la religión cristiana no existía un lugar de tormento en las profundidades de la tierra a donde iban destinadas inexorablemente las almas de los pecadores después de su muerte. A partir del Medievo, con el nacimiento y la difusión pública de este lugar tenebroso gobernado por diablos, dedicados a atormentar a las almas impuras como castigo por los pecados cometidos durante su vida terrenal, la siniestra atracción religiosa que desde entonces ha provocado el Infierno en la sociedad occidental como condicionante ético y moral, ha hecho que perdure dentro del inconsciente colectivo aun cuando, recientemente, el propio Papa Francisco ha dicho que el Infierno no existe. Y sólidas razones históricas y religiosas no le faltan para reafirmarse en esa opinión. Pero el Infierno sigue estando latente en la ciudadanía del siglo XXI con sus atroces escenas de horror y, dentro de la literatura medieval, es el Infierno de Dante relatado en “La Divina Comedia” el que más ha logrado atraer la atención del público debido a la impactante crudeza de los castigos descritos en sus páginas. Incluso, con el paso del tiempo, una palabra directamente relacionada con Dante y su Infierno ha quedado incorporada a nuestro idioma español por su terrible significado: dantesco. Lo dantesco, lo espantoso, así de contundente, implacable y directo presenta Dante a este Infierno, conmocionando al lector por su influyente trasfondo ético y moral. Con descripciones que conmueven, que llegan a ser capaces de tocar la fibra sensible del lector a través de la estimulación de su inconsciente, Dante se convierte en su obra en el privilegiado narrador de los crueles castigos que allí se llevan a la práctica. Partiendo del bosque oscuro donde es acosado por tres animales feroces, Dante irá detallándonos su viaje trascendental, siendo el espíritu del poeta Virgilio el que le guíe durante su bajada al Infierno, en cuya travesía, habrá de pasar por los nueve círculos que componen este lugar. Cada uno de estos círculos está dedicado al castigo de una clase de pecador en concreto, por lo que Dante nos irá describiendo cada suplicio que allí contempla según va atravesando un círculo tras otro, siendo cada vez más terribles esos tormentos cuanto más profundo se halla ese círculo. Los más leves son aplicados en los primeros círculos y, por consiguiente, los pecados más graves son castigados en los círculos más profundos del Infierno, formando un embudo abismal del terror formado por estos nueve círculos. Descifrando el mensaje simbólico hasta ahora mostrado, el bosque oscuro del horror representaría a la tierra del pecado y de la corrupción, el poeta Virgilio a la grandeza del espíritu humano de la Época Clásica y, el propio Dante, como ya mencioné anteriormente, representa al alma.

“No hay dolor más grande que el recordar los tiempos felices en la desgracia.”

Los Primeros Cinco Círculos del Infierno de Dante.

En esta primera fase del camino místico de “La Divina Comedia”, que tiene como inicio al alma impura y como final su redención, el primer círculo del Infierno al que llegarán Virgilio y Dante es el limbo, la antesala del Infierno, que es donde moran eternamente las almas sin bautizar, siendo condenadas a no tener posibilidad alguna de contemplar a Dios. Allí es donde se encuentra el poeta Virgilio junto a otros poetas y filósofos de la Antigüedad como Homero, Ovidio, Aristóteles… Partiendo de este círculo, la bajada a las profundidades se convertirá en un crescendo de aflicción y dolor en su manifestación más horrible y desesperada. De camino al siguiente círculo, Dante y Virgilio verán al horrible Minos, juez encargado de juzgar las almas de los pecadores, y, cuando posteriormente llegan al segundo círculo, allí encuentran a quienes pecaron de lujuria que son movidos por fuertes vientos sin poder hacer nada para impedirlo, ni para evitar chocar entre ellos, de la misma forma que la pasión les movió sin control durante su vida terrenal; siendo el tercer círculo el lugar donde se castiga a quienes pecaron de gula, por lo cual ven su carne desgarrada por Cerbero (nombre del perro de tres cabezas del Hades, según la mitología) bajo una terrible tormenta de granizo. El cuarto círculo está destinado a castigar tanto a los avaros como a los derrochadores que, divididos en dos grupos, han de empujar grandes volúmenes de oro hasta que terminan chocando entre ellos. Y es que su cruel destino es seguir empujando esas pesadas piezas de oro hasta volver a chocar, así una y otra vez interminablemente. Pero Dante dejará de ser un mero observador cuando llega al quinto círculo situado a orillas de la laguna Estigia. Habitado por quienes se dejaron poseer por la pereza, o por la ira y la venganza, allí quedan o hundidos en ese terreno pantanoso o peleando violentamente entre ellos en la superficie fangosa. Cuando Dante cruza esa laguna tan terrible, es reconocido por uno de sus enemigos políticos (Filippo Argenti), dando rienda suelta a su rencor en estos versos por lo que, de observador atemorizado, pasa a la acción por primera vez desde que comenzara este viaje. Una escena en la trama que resulta clave en esta etapa ya que, hasta este preciso momento, los círculos aquí descritos correspondían a pecados de debilidad humana. Ahora Dante establece muy claramente esta separación por intencionalidad a la hora de pecar ya que, dentro de su código moral y ético, no es lo mismo pecar por debilidad humana que pecar intencionadamente y siendo plenamente conscientes de los terribles efectos que desencadena. La maldad es manifiestamente clara en el segundo caso, por lo que el trasfondo psicológico y espiritual vuelve a presentarse en el mensaje cristiano de Dante, siendo crucial en el análisis de esta obra. A continuación, tras llegar a los muros de la ciudad de Dite, los pecados que el maestro florentino va a narrarnos en los siguientes círculos serán los más importantes, por lo que los castigos aplicados también serán mucho más terribles por su gravedad y por la huella impura dejada en el alma de quienes los cometieron.

“La soberbia, la envidia y la avaricia son las tres brasas que queman los corazones.”


Los Últimos Cuatro Círculos del Infierno: Dante entra en la ciudad amurallada de Dite.

La llegada de Dante y Virgilio a la ciudad amurallada de Dite es espectacular. Sus puertas y sus murallas infranqueables, protegidas por ángeles caídos, se convierten en un obstáculo imposible de atravesar para Dante hasta que un ángel divino intercede, abriendo sus puertas. El espectáculo que Dante observará detrás de esos muros es brutal e inimaginable. Ya de entrada, en el sexto círculo destinado a quienes no creyeron en la inmortalidad del alma, allí son castigados a permanecer postrados en lechos ardientes pero, a partir de aquí, es donde entra en juego un factor que resulta crucial en el juicio que han de pasar las almas por la gravedad de los pecados cometidos: la malicia. El séptimo y octavo círculo están caracterizados por las subdivisiones internas en los que están estructurados, siendo descritos como recintos en el séptimo círculo y como fosos en el octavo. Vigilado por el Minotauro, al séptimo círculo van a parar quienes no dudaron en usar la violencia con trágica intencionalidad, siendo llevados al primer recinto donde se encuentra el río de sangre hirviente llamado Flegetonte, en cuyas aguas son arrojados quienes provocaron el derramamiento de sangre. Custodiando sus orillas se encuentran los míticos centauros, que no dudan en utilizar las flechas de sus arcos contra quienes tratan de salir de ahí. La sangre que derramaron es la misma que provoca su terrible castigo, y la figura del Minotauro dominando este séptimo círculo simboliza el impulso depredador, salvaje y animal que dominó el espíritu de esos individuos durante su vida. En el segundo recinto, sorprende comprobar cómo los suicidas son transformados en árboles por haber rechazado su condición humana al atentar contra su propia vida, siendo las siniestras arpías las encargadas de convertir su existencia en un suplicio. Quienes malgastaron sus bienes en una espiral autodestructiva también son aquí horriblemente castigados al convertirse en presas para la caza en las batidas que se celebran en estos tenebrosos parajes. Las torturas que Dante observa en el tercer recinto son muy impactantes, siendo castigados los maldicientes blasfemos con abrasadoras arenas; los sodomitas son obligados a correr con el fuego abrasándoles por encima de sus cabezas; mientras los usureros son condenados a permanecer bajo una lluvia de fuego. Pero son los diez fosos llamados en su conjunto como Malebolge por Dante, los que conforman el octavo círculo regido por el monstruoso Gerión, mitad hombre mitad serpiente, lugar a donde son destinados quienes no dudaron en hacer uso interesado de lo fraudulento, quedando el lector impresionado por la crudeza de los tormentos aquí aplicados. En el primer foso del octavo círculo son los demonios con cuernos quienes fustigan los cuerpos desnudos de aquellos que en vida fueron timadores o proxenetas. Sobre excrementos humanos son arrojados los aduladores en el segundo foso; quienes comerciaron con lo espiritual (cayendo en el pecado de la simonía), en el tercer foso son condenados a ser colocados en hoyos boca abajo con sus pies al aire, mientras son abrasados por el fuego; quienes engañaron haciendo uso de las mancias son castigados en el cuarto foso a tener su cara del revés en la cabeza; el lago de brea hirviente del quinto foso está destinado a los malversadores públicos, siendo vigilados por diablos provistos de ganchos que evitan que alguien pueda salir de allí; los farsantes y los hipócritas han de portar doradas vestimentas de plomo en el sexto foso; los ladrones ven atadas sus manos con serpientes en el séptimo foso antes de convertirse en ellas; en el octavo foso, una lengua de fuego castiga a los malos consejeros que con interesada malicia dieron su opinión; quienes fomentaron el conflicto en los demás son condenados a sufrir cortes en su cuerpo a manos de un demonio en el noveno foso, con la particularidad de que vuelven de nuevo a sufrir esos tormentos en cuanto la carne de esas graves heridas se cierra; y, finalmente, en el décimo foso, son las enfermedades las que hacen sentir espantosos dolores y padecimientos que provocan deformaciones en quienes se dedicaron a la falsificación, correspondiendo a cada una de las distintas clases de falsificación una terrible enfermedad en concreto. En el noveno círculo, es la espectacular visión del pozo donde se ha condenado a los gigantes y a los titanes a permanecer encadenados en sus paredes, lo que más les impresionará. Más abajo, en el fondo del Infierno, Dante y Virgilio se encontrarán en un lugar helado. Un lugar cuyo significado simbólico es la ausencia de la calidez propia de la vida, de las emociones o de los sentimientos. En definitiva, la ausencia de la energía de la vida. Al contrario de lo que pueda pensar el lector respecto a las profundidades del Infierno cubiertas por llamaradas de fuego, en “La Divina Comedia”, Dante nos describe ese lugar congelado, permaneciendo hundidos en ese hielo hasta la cabeza quienes cometieron el pecado de la traición. Presidido ese tenebroso lugar por la figura de Satanás, que se encuentra atrapado en el hielo hasta la cintura, cada vez que bate sus alas para tratar de librarse de ese tormento, lo que provoca al mover el aire gélido de ese entorno es ayudar a que siga permaneciendo en ese estado de congelación. Y es que, si lo analizamos en profundidad, concebir el fondo del Infierno como un lugar inhóspitamente helado tiene sentido al ser un lugar situado en el lado opuesto al Paraíso Divino, y si Dios es cálida luz y amor, el lugar más alejado a él debe estar cubierto de oscuridad y de frialdad emocional, por lo que describirlo como un lugar gélido es simbólica y metafóricamente mucho más acertado. Si a ello le unimos que en ese lugar se castiga a quienes traicionaron, o sea, a quienes se aprovecharon de la confianza depositada en ellos para hacer el Mal, la elección de los traidores como pecadores por excelencia es muy acertada. Su falta de empatía emocional y su frialdad sentimental a la hora de ejecutar su traición, encuentra su castigo más justo en ese terrible lugar. De nuevo, Dante vuelve a darnos una lección magistral a través del acertado trasfondo de su análisis moral y ético sobre los pecados, y el castigo correspondiente sobre quienes los cometieron. Como importante apunte sobre esta primera parte del libro, Dante y Virgilio finalmente saldrán del Infierno ascendiendo por el cuerpo de Satanás hasta la luz rumbo al Purgatorio.

“Las arpías después, alimentándose de sus hojas, introducen en ellas el dolor, y por allí mismo dan salida a sus lamentos.”

La Mística en “La Divina Comedia”.

Junto a las puntuales descripciones místicas anteriormente mostradas, existe una realidad esotérica y espiritual contenida en estos versos de Dante. Centrándonos en el Infierno, el primer círculo, el limbo, está regido por la Luna, estando directamente relacionado con el éxito material y con el Conocimiento, pero con una carencia espiritual muy clara. En referencia a los no bautizados que lo pueblan, a nivel místico estaríamos hablando de aquellos que no han sido iniciados y no han evolucionado interiormente siguiendo el camino de la trascendencia. El segundo círculo está regido por Mercurio, y el desvío del Conocimiento y de la Sabiduría mística siempre supone sufrimiento interior y un profundo dolor ante la pérdida de la identidad interior por la densidad carnal. El tercer círculo está regido por Venus, y es la adicción al placer de los sentidos más primitivos el que marca este círculo en su desvío místico. El cuarto círculo está regido por el Sol, siendo la proyección en la vida real de las aspiraciones materialistas más extremas las que alejan al individuo de su esencia espiritual. El quinto círculo está regido por Marte, de ahí que la ira, la venganza, la violencia, la soberbia y la inacción dominen este círculo. El sexto círculo está regido por Júpiter, siendo aquellos que juzgan, prejuzgan y establecen lo que para ellos es la realidad de las cosas, sin tener nunca en cuenta el plano espiritual, los que acaban condenándose por aceptar únicamente lo tangible. El séptimo círculo está regido por Saturno, siendo la violencia lo que predomina en este plano porque allí todo se fuerza, desapareciendo cualquier positividad, armonía o cualidad trascendente. El octavo círculo está regido por Urano, siendo el engaño interesado el que permanece omnipresente, abriendo un amplio abanico de formas y estilos a la hora de llevar ese juego de las apariencias de maléfica intencionalidad al éxito. Lo falso y lo místico son absolutamente opuestos e imposibles de mezclar dentro del plano espiritual. El noveno círculo está regido por Neptuno, donde la maldad se presenta en su lado más sibilino y trágico por su esencia de traición. La confianza es la base principal de las relaciones humanas, y la traición socava ese pilar causando el mayor de los perjuicios y de los daños que una persona puede sufrir en vida. Obscuridad absoluta tapando la luz.

“¿Quién es este que sin haber muerto va por el reino de la muerte?”

La Importancia Artística de “La Divina Comedia”.

Desde el mismo instante en el que comenzó su difusión pública como obra literaria, el Infierno descrito por Dante en “La Divina Comedia” se convirtió en la fuente de inspiración que despertaría la imaginación de artistas de renombre que han pasado a la Historia por la calidad y por el trasfondo de sus obras. Dante Alighieri es referencia artística. Dante es esa luz que ha irradiado su imaginería a las mentes del público en diferentes épocas hasta nuestros días, sin que se haya alterado en ningún momento el mensaje ético y moral de su obra incluso en la época actual que estamos viviendo, cada vez más racionalista y materialista. Si estudiamos con detenimiento la obra maestra de Dante, conceptualmente va más allá de la visión cristiana del mundo debido a que su trasfondo ético y moral encuentra paralelismos con otras religiones y corrientes místicas en todo el mundo, adquiriendo su mensaje esa identificación, esa reafirmación, y esa relevancia universal así reconocida: nuestras acciones negativas durante la vida terrenal tienen consecuencias tras la muerte, si no hay una redención previa, humilde, profunda y sincera. De ahí que sea todo un placer el poder subrayar en esta reseña, publicada en Internet en la posmodernidad del siglo XXI, la excelsa virtud artística de Dante englobada dentro de la moralidad medieval. “La Divina Comedia”, la descripción literaria más terrible e hipnótica que se haya escrito nunca sobre el Infierno en la Historia de la Literatura Europea. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Vexilla regis prodeunt Inferni.
(Adelántanse los estandartes del Rey de los Infiernos)”


Félix V. Díaz
RESEÑA Nº:
En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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