martes, octubre 14, 2014

DOUGLAS MACARTHUR “MEMORIAS”.

En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.


Publicado por:   EDICIONES ALTAYA
ISBN:  84-487-2362-0
Edición:  2008
Páginas:  898

“Deber - Honor – Patria. El código que estas palabras perpetúan abraza las más elevadas leyes morales y resiste la prueba a que pueda someterle cualquiera de las éticas y filosofías que hayan podido crearse para el congreso de la humanidad.”

Sin ningún género de duda se puede hablar del general Douglas MacArthur (1880 - 1964) como el militar más brillante y con más talento que haya tenido los Estados Unidos de América en toda su historia. Prueba de ello es la larga y prestigiosa lista de condecoraciones que le fueron concedidas, convirtiéndolo en el militar más laureado del ejército estadounidense hasta la fecha, como así podrán comprobarlo los bibliófilos lectores de Lux Atenea Webzine que adquieran este completo y revelador libro de memorias, y en cuyas páginas resulta de lo más revelador analizar cómo documentales y películas no han hecho más que cambiar una realidad histórica escondida tras el interesado telón de la política. Y es que en la vida y en el destino militar de Douglas MacArthur, el factor político siempre estuvo presente a través de una influencia no siempre perceptible a primera vista, pero siempre condicionando y limitando los medios y los recursos puestos al alcance de este victorioso general como un obstáculo extra a la ya delicada situación militar que le era asignada. Ya fuera en la creación de un ejército filipino que pudiera hacer frente al poderoso ejército japonés, ya fuera en la defensa de Australia ante la inminente invasión de su territorio por el incontenible avance japonés en las Indias Orientales, o ya fuera en la contención del ejército comunista de Corea del Norte que tras ser apoyado militarmente por China había vuelto a tomar la iniciativa en la sangrienta guerra de Corea, Douglas MacArthur siempre tuvo que sacar el máximo partido a unas tropas mal equipadas, desplegadas con medios pesados y fuerzas aeronavales de apoyo muy limitadas, y con un endeble sistema logístico que pudiera mantener operativas en su total capacidad. En estas reveladoras páginas podrán informarse al detalle sobre el auténtico espíritu militar innovador que Douglas MacArthur poseía desde su participación en la I Guerra Mundial, viendo con nítida claridad cómo los tanques y los aviones iban a cambiar la guerra moderna en cuestión de pocos años en una visión diametralmente opuesta a los planes militares diseñados por el Alto Mando estadounidense. Las grandes matanzas de soldados lanzados en densas formaciones ofensivas contra posiciones atrincheradas fuertemente defendidas bajo el abrigo de la artillería (que fue la tónica reinante en la I Guerra Mundial), daría paso a otro tipo de guerra mucho más rápida y dinámica donde los tanques y los aviones perfectamente sincronizados en ataque con la infantería provocarían la ruptura y el colapso del ejército enemigo que hubiera decidido desplegarse en una línea defensiva sin la cobertura aérea adecuada que garantizara su auténtica fortaleza. Douglas MacArthur vio claramente que, en el futuro, estas fuerzas militares tan avanzadas no solamente se impondrían en el campo de batalla, sino que todo ejército que no adoptara ese modelo sería barrido y eliminado en caso de guerra. Años después, el estallido de la Segunda Guerra Mundial no hizo más que darle la razón ante la poderosa y contundente guerra relámpago aplicada en la escena bélica.

“El apaciguamiento solo engendra nuevas y más sangrientas guerras.”

Otra de las cualidades militares que tuvo Douglas MacArthur fue saber seleccionar su equipo de oficiales, destacando éste por su preparación, por su experiencia y por su capacidad de sacrificio. Como ya mencioné anteriormente, Douglas MacArthur tuvo siempre medios muy limitados para poder conseguir los objetivos fijados, y ese fue un hándicap que tuvo constantemente presente en tiempo de guerra, por lo que su genial talento para la táctica solamente pudo llevarlo a cabo con eficacia gracias a su equipo de oficiales dentro de una estrategia global, por él concebida desde la Primera Guerra Mundial, que se basaba en la búsqueda del mínimo número de bajas en su propio ejército. Entendió que un general ha de estar con sus tropas en combate prácticamente en primera línea para poder conocer de primera mano el estado de la operación militar ejecutada, y saber aprovechar cualquier oportunidad que el enemigo pueda ofrecer para romper sus líneas y derrotarlo. En la Primera Guerra Mundial observó, analizó y llegó a la conclusión que muchas oportunidades militares de victoria para el ejército aliado fueron desperdiciadas debido a la rigidez del Alto Mando a la hora de diseñar las fases de una operación militar sobre un mapa. Esa ilógica firmeza, la mayoría de las veces no supuso más que la reorganización del enemigo, su contraofensiva posterior para reconquistar el terreno perdido, y el alto número de bajas que ello suponía para ambos bandos. Sobre un papel es mucho más fácil diseñar una operación militar que estando en primera línea atacando y acosando al enemigo, o defendiendo tus posiciones y llevando unidades allí donde son requeridas con urgencia para que la línea de frente no se desmorone. Por la valoración y por la alta estima que tuvo sobre la vida de cada soldado perteneciente a su ejército, independientemente de su grado militar, siempre priorizó en sus decisiones el reducir al máximo el número de bajas. Además, por compartir muchas de sus penurias en combate al estar junto a sus soldados, con la moral que ello da a las tropas a la hora de combatir, y por su sabiduría a la hora de diseñar un plan de combate que siempre llevaba el sello de la victoria como garantía, Douglas MacArthur se ganó una imagen y una reputación en el ejército estadounidense que lo encumbraría en la Segunda Guerra Mundial.

“Asia, con la mitad de la población total del mundo y un setenta por ciento de sus recursos naturales, estos pueblos están consolidando rápidamente una nueva fuerza, tanto moral como material, mediante la cual elevarán su nivel de vida y adaptarán sus distintos ambientes culturales a los adelantos de la vida moderna.”

Pero, como ya comenté en la reseña del libro “De La Guerra” del mítico jefe del Estado Mayor prusiano Karl von Clausewitz (1780 - 1831), lo militar siempre está bajo las órdenes y al servicio del poder político, y en el caso en particular de Douglas MacArthur, esta influencia fue mucho más negativa que positiva tanto en su labor en Filipinas antes del guerra al negarle recursos de todo tipo, durante la guerra en Filipinas al ignorar sus peticiones de más refuerzos y material, durante la defensa de Australia al disponer de un limitadísimo ejército mal equipado y con escaso apoyo aeronaval para cubrir una amplísima extensión de terreno, durante su ofensiva en las Indias Orientales que le llevaría a la reconquista de Filipinas al serle negado los medios aeronavales que solicitaba (y que resultaban imprescindibles en este tipo de guerra desarrollada en distancias tan enormes), durante su mandato en Japón después de la guerra para su reconstrucción y que tantos problemas creados por el gobierno estadounidense tuvo que solventar, y durante la Guerra de Corea al tener que recuperar la península coreana, invadida practicamente en su totalidad por las tropas de Corea del Norte bien armadas por China y Rusia, teniendo a su disposición un ejército potente pero muy limitado en efectivos que, una vez derrotado el ejército norcoreano, al entrar China en su ayuda enviando centenares de miles de soldados, comprobar con estupor y sorpresa la inviolabilidad del territorio chino por orden del propio gobierno estadounidense. Todo ello sin que Douglas MacArthur pudiera hacer nada al respecto salvo protestar. Y es que en el trasfondo de todo, a parte de la geopolítica mundial aplicada por Washington en esa época, siempre estuvo el constante miedo que tuvieron los presidentes Roosevelt y Truman a que Douglas MacArthur se presentará como candidato a presidente debido a la gran popularidad que éste tenía entre la población estadounidense. Douglas MacArthur se cansó de decir por activa y por pasiva que no tenía ningún tipo de ambiciones políticas pero no solamente no fueron creídas, sino que fueron tomadas sin fundamento alguno como parte de su estrategia. En cambio, Douglas MacArthur comentó en algún momento que Dwight D. Eisenhower sí tenía ese tipo de ambiciones y, como no podía ser de otra forma, tampoco fueron tomadas en cuenta al interpretarse como una forma de desviar la atención. De nuevo, el tiempo volvería a darle la razón cuando Eisenhower se convirtió en el trigésimo cuarto presidente de Estados Unidos de América. En definitiva, “Douglas MacArthur. Memorias” es un libro de ágil lectura que recomendaría tanto a los lectores interesados en el conocimiento de la Historia, como a los estudiosos de esta apasionante temática por su rigor y por su minuciosidad documental. “Douglas MacArthur. Memorias”, realidad histórica escrita por uno de los genios militares más destacados del siglo XX. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Si no ideamos otro sistema más justo y equitativo, aparecerá Armagedón en nuestra puerta. El problema fundamental es teológico y entraña un recrudecimiento espiritual y un perfeccionamiento del carácter humano que sincronice con nuestros adelantos en ciencia, arte, literatura y todo el material y los desarrollos culturales de 2.000 años. Para salvar nuestra carne, salvemos primero el espíritu.”

Lux_Atman

Artículo Nº:  1.860
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