martes, octubre 29, 2013

“EL MISTERIO DE ORIÓN”, ROBERT BAUVAL y ADRIAN GILBERT.

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Publicado por:   EDITORIAL EDAF, S.L.
ISBN:  84-414-1895-0
Edición:  2007
Páginas:  320

“El cálculo de la precesión es una herramienta vital para el historiador, pues le ayuda a entender al hombre antiguo, cuya religión estaba generalmente dirigida hacia los dioses del cielo y, de esta forma, la basaban en la observación del cielo, lo que hoy llamamos observación astronómica a simple vista.”

El ingeniero Robert Bauval ha protagonizado uno de los descubrimientos más revolucionarios que se hayan producido dentro del fascinante y misterioso mundo de la egiptología en las últimas décadas. Este libro reseñado titulado “El Misterio de Orión” es un ejemplar original de la edición revisada y actualizada de su mítica obra publicada por la editorial EDAF en 2007. Pero, ¿cuál es el alcance de su revelador descubrimiento convertido ya en un dato esencial para la arqueología egipcia en su investigación sobre el origen de las pirámides? Lo primero que han de tener en cuenta los lectores de Lux Atenea Webzine es que, 2.500 años antes de Cristo, la civilización egipcia llegó a transportar aproximadamente unos trece millones de toneladas para supuestamente construir la tumba de tres faraones: las pirámides de Guiza. Hasta el descubrimiento de Robert Bauval, esa era la versión oficial de los expertos para dar sentido a tan monumental trabajo cuyas colosales dimensiones han permitido que pudieran llegar hasta nuestros días. De por sí, la Gran Pirámide de Guiza se ha convertido en la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que podemos ver y admirar en este siglo XXI (las otras Maravillas ya desaparecidas son los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría). Robert Bauval, observando una imagen aérea de las tres pirámides de Guiza, comprobó que su posición correspondía exactamente a la disposición de tres estrellas pertenecientes a la Constelación de Orión, las cuales los egipcios ya habían relacionado directamente con Osiris, el Dios del Más Allá y de la Resurrección. La disposición de las tres pirámides coincidía exactamente con las estrellas de esta constelación, con dos de ellas en diagonal y una más alejada localizada a la izquierda de esa misma diagonal. Además, dos pirámides más situadas al norte y al sur de las tres pirámides coinciden exactamente en su posición con otras dos estrellas pertenecientes también a la constelación de Orión, y tanta exactitud no podía ser una casualidad. Durante su investigación, Robert Bauval también descubriría otro error en la información oficial tomada como referencia por los egiptólogos en relación a una serie de conductos que, desde el interior de la gran pirámide, atraviesan sus paredes hasta el exterior y que los expertos habían descrito como canales de ventilación. Robert Bauval descubrió que los canales abiertos por los antiguos constructores desde el interior de la pirámide de Keops hacia el exterior están dirigidos al cielo, y más concretamente, un canal señala a la Osa Menor, otro a Alfa Draconis (la estrella Thuban de la constelación del Dragón), el canal de la Cámara del Rey apunta a Orión, y el canal de la Cámara de la Reina apunta a la estrella Sirio (constelación del Canis Major situada a la izquierda de Orión) que los sacerdotes egipcios relacionaron con la diosa Isis, esposa de Osiris. Por lo tanto, las pirámides de Guiza, más que como tumbas para los faraones, realmente se construyeron como ideal de perfección y de armonía espiritual establecida entre el cosmos y la tierra en busca de un vínculo sagrado de equilibrio entre los seres humanos y los dioses. Las pirámides de Guiza son lugares religiosos cosmológicamente identificados con Osiris, o sea, con la constelación de Orión, o, dicho en clave espiritual, con el Más Allá. Una unión del cosmos con la tierra en una armonía perfecta con efecto en los seres humanos y, precisando aún más, en el individuo de inquietudes místicas que aspira a perfeccionarse en esta vida para hacer espiritualmente más sencillo su paso a la otra vida, a ese inefable y misterioso Más Allá regentado por Osiris.

“El fénix está íntimamente ligado al alma de Osiris y se dice que vendrá desde el lugar donde los dioses nacen o resucitan.”

Sin duda alguna, el culto religioso en el Antiguo Egipto estuvo marcado por lo mágico, por lo ritual, por lo ceremonial, por lo místico y por el culto mistérico a su vez. En esta excelente obra, Robert Bauval irá aclarando, describiendo y mostrando a los lectores de Lux Atenea Webzine cómo la religión egipcia no era precisamente una creencia espiritual marcada por lo diurno en la vida y con trasfondo solar en su culto, sino más bien una religión con culto nocturno a los muertos en vista al contenido de los textos religiosos grabados en las paredes de estas pirámides, convertidos con el paso del tiempo en los textos religiosos originales más antiguos de la Historia que se hayan conservado hasta nuestros días. Textos jeroglíficos en donde ya se relacionaba directamente a Isis y Osiris con las estrellas Sirio y Orión como lugares sagrados en el cosmos para la resurrección. Una resurrección que, no olvidemos, en la religión egipcia estaba unida a Osiris, o sea, al dios del Más Allá. En el fondo, una transición espiritual desde la vida terrenal a la muerte para renacer posteriormente en otra vida. Dentro del culto religioso en el Antiguo Egipto, Isis y Osiris estaban conectados con la Noche y con el Más Allá respectivamente, y su representación astronómica se relacionó con Sirio y Orión. Sirio es la estrella más brillante del hemisferio norte y, por su relación con Isis, diosa que vivificaba a Egipto, fue una estrella venerada. Pero Sirio tiene la particularidad de desaparecer del cielo durante setenta días, reapareciendo al amanecer en el horizonte del solsticio de verano por delante del Sol. Un evento que coincidía además con el comienzo de las inundaciones del río Nilo, inundaciones que fertilizaban el suelo de sus orillas de donde obtener magníficas cosechas, dando inicio al nuevo año egipcio. Una sincronicidad mágica de carácter religioso con la aparición de la estrella Sirio en el cielo unida a la diosa Isis y el comienzo de las inundaciones del Nilo que mantenían la vida en Egipto año tras año.

“En la teología menfita no estamos tratando con la típica disputa territorial sino con un acontecimiento cósmico, con los protagonistas, Horus y Set, considerados como dioses.”

En estas reveladoras obras sobre el universo religioso del Antiguo Egipto es inevitable la presencia de Thoth, dios de la Sabiduría (Hermes para los griegos), y de Horus, el dios solar de la iniciación (Apolo para los griegos), y el destacado protagonismo de la ciudad de Heliópolis, la más sagrada del mundo antiguo, en esta aventura que completa su ciclo religioso alrededor del mensaje contenido en las pirámides de Guiza de evidente trasfondo religioso. Curiosamente, la ciudad de Heliópolis está representada en lenguaje jeroglífico con un pilar coronado por una cruz, una imagen exactamente igual a los cruceiros religiosos cristianos en el camino de Santiago. Los sacerdotes de Heliópolis fueron los más prestigiosos del Antiguo Egipto, destacando entre ellos Imhotep que sería venerado posteriormente por los griegos con el nombre de Asclepio, el Dios de la Medicina. Como apunte final de este ilustre libro, aprovechando la puntual mención a los dogon que hace Robert Bauval en este libro en referencia al sorprendente e inexplicable conocimiento que este pueblo africano tiene de la estrella Sirio, quisiera añadir en esta reseña algunos datos adicionales sobre este pueblo africano que estoy seguro que interesarán a los lectores de Lux Atenea Webzine. Establecidos en el sudeste de Mali, a orillas del río Níger, desde hace siglos los dogon conocen datos astronómicos precisos relacionados con la estrella Sirio A y Sirio B, siendo Sirio B invisible al ojo humano ya que es necesario el uso de instrumentos ópticos para poder obtener esa información. Esto es debido a que el brillo de la estrella Sirio A oculta a Sirio B ya que es diez mil veces más brillante, y tal es la dificultad para ver a Sirio B que su primera imagen no se pudo obtener hasta el año 1970. Además, los sabios dogon conocen también los cuatro satélites interiores de Júpiter, los anillos de Saturno… e incluso a la estrella Sirio C a la que llaman Emme Ya (el sol de las mujeres) que gira alrededor de Sirio A y que ha sido descubierta por los astrónomos en 1995. ¿Cómo es posible que el primitivo y aislado pueblo de los dogon tuviera conocimiento de esta información astronómica? Esta precisa información, los dogon la relacionan con los dioses que bajaron del cielo a plena luz del día en la zona del lago Debo, contactando con ellos hace siglos para luego enseñarles a cultivar la sabana, a fabricar herramientas, a fundir metales... y a darles esta información del cosmos junto a muchos otros más datos que la ciencia astronómica no ha hecho más que ir confirmando a lo largo de los años. Un encuentro que siguen conmemorando los dogon en fiestas sagradas donde recuerdan la llegada de estas reveladoras divinidades, y temibles a su vez. “El Misterio de Orión”, cuando la información arqueológica oficial tapa una realidad que termina siendo descubierta, difundida y aceptada al estar basada en datos científicos. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“El cómo se construyeron las pirámides sigue siendo un misterio. Todavía hoy tendríamos serios problemas para poder repetirlas con todas las ventajas de la tecnología moderna.”

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Lux_Atman

Artículo Nº:  1.586
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