sábado, noviembre 10, 2012

ROBERT B. REICH “EL TRABAJO DE LAS NACIONES. Hacia el capitalismo del siglo XXI”.


Publicado por:   JAVIER VERGARA EDITOR, S.A.
ISBN:  84-7417-116-4
Edición:  1993
Páginas:  318

“El mayor enemigo del progreso es la desesperanza.”

En Occidente llevamos años padeciendo una profunda y grave crisis económica que, aunque provocada por el abuso de un sistema económico especulativo en los mercados, su trasfondo empresarial y comercial va mucho más allá de un control legislativo de las prácticas bursátiles y bancarias a nivel nacional e internacional. Es verdad que un mayor control de este tipo de movimientos especulativos a gran escala hubieran evitado gran parte de los daños económicos, sociales y empresariales que estamos padeciendo actualmente, pero, en realidad, es el propio sistema económico en el que se ha venido sosteniendo Occidente desde la Segunda Guerra Mundial el que ha quedado obsoleto ante los inevitables cambios económicos y empresariales a escala mundial que ha originado la globalización desde el comienzo del siglo XXI. La tecnología aplicada a las comunicaciones en tiempo real a nivel global (Internet, telecomunicaciones vía satélite,…) junto a la expansión de la red de transportes, ha convertido el planeta Tierra en una gran comunidad interconectada por primera vez en la historia de la Humanidad, y este gran avance tecnológico, inimaginable hace tan solo un par de décadas atrás, ha transformado y sigue transformando radicalmente la forma de hacer negocios ya sea a nivel local, nacional o internacional. Un impacto de la globalización que, salvo un repentino resurgir de las medidas proteccionistas y arancelarias en los países que forman el G20, seguirá cambiando la sociedad occidental que conocemos actualmente hacia otro modelo basado en clases sociales con un nivel adquisitivo completamente distinto al actual salvo, por supuesto, en el caso de las familias adineradas que independientemente del sistema económico que se instaure en estos países, ellas siempre disfrutarán de un poder y de un nivel de vida inalcanzable para la mayoría de la población.

“¿Qué obligaciones morales tenemos entre nosotros como miembros de una misma sociedad que ya no comparten la misma economía?”

La sociedad del bienestar que hemos conocido en Europa está condenada a desaparecer y esta crisis económica fruto de la especulación no ha hecho más que acelerar ese proceso. Desde la caída del Muro de Berlín, los países occidentales han cambiado el modelo industrial y productivo sobre el que se sostenía la sociedad del bienestar (con la sociedad de consumo se garantizaba el futuro económico de las nuevas generaciones a través de la compra de esos bienes producidos), por otro sistema económico basado en la especulación y donde los beneficios no tienen como origen la competitividad de los bienes fabricados por la industria o la productividad de las empresas, sino beneficios que se obtienen a través de la manipulación del sistema económico y bursátil mediante masivos movimientos de capital a nivel mundial que, gracias a los avances tecnológicos, ha hecho posible mover en tiempo real ingentes cantidades de dinero de una empresa a otra, de un país a otro, de un continente a otro, sin que hubiera control o regulación alguna al respecto. El fruto final del abuso de ese sistema especulativo no ha sido otro que la gravísima crisis económica actual, sobre todo en Europa, y donde incluso las empresas solventes, productivas y competitivas están teniendo que cerrar debido a la falta de capital para financiarse o para poder invertir en sistemas y equipamientos más productivos que les permitan una mayor competitividad. En un mundo actual donde la tecnología es la clave de la productividad y de la competitividad, la flexibilización de la mano de obra ya no dará como resultado una mayor competencia empresarial (como así ha venido siendo en los últimos años) sino simplemente un abaratamiento de los costes de personal para la empresa. La tecnología exige a las empresas un esfuerzo a la hora de financiarse y de modernizarse para ser más competitivos, y esa constante modernización exige unos gastos en dinero cuya fuente está cerrada en estos tiempos que vivimos.

“Básicamente, están surgiendo tres amplias categorías de trabajo que corresponden a las tres diferentes posiciones competitivas en las cuales se encuentran los norteamericanos. Estas mismas categorías están tomando forma en otras naciones. Las denominaremos servicios rutinarios de producción, servicios en persona y servicios simbólico-analíticos.”

Las naciones occidentales, y en las próximas décadas más que nunca, tienen que priorizar el peso de su poder económico a nivel internacional para poder seguir dando estabilidad económica y futuro a sus ciudadanos pero, aunque las vías de financiación a las empresas se abran de nuevo para crear nuevas empresas, para que éstas se modernicen, o para ampliaciones de negocio, provocando con ello la creación de empleo para poder dar trabajo a la inmensa población que se ha quedado en paro debido a esta crisis, será inevitable que la estructura social y económica no se parezca en nada a la que hemos conocido hasta ahora. Precisamente sobre esa nueva sociedad y sobre esa nueva economía que ya lleva años instaurándose en los países más poderosos y desarrollados del mundo, está basada la impresionante obra “El Trabajo De Las Naciones” escrita en la década de los noventa por Robert B. Reich, ministro de trabajo durante la presidencia estadounidense de Bill Clinton, y que tantos frutos económicos y sociales produjo. Una visión de la economía y de la sociedad de cara al futuro que convertiría a la administración Clinton en el único periodo de la historia de los Estados Unidos de América en el que el Estado no solo no se endeudaba más, sino que generaba riqueza y menor deuda año tras año. Un sistema económico que, de haber continuado esa dinámica evolución económica y social durante décadas, la impresionante deuda externa y déficit del Estado que amenaza con asfixiar a la economía de los Estados Unidos en los próximos años jamás habría aparecido en el horizonte. Y sin una deuda y déficit estatal que asfixie a la economía, la nación prospera y amplios sectores de su ciudadanía disfrutan de un mayor nivel económico garantizando al Estado su futuro, y también su relevancia y su peso político a nivel continental y mundial.

“La relación entre rentabilidad empresarial y nivel de vida de la población es cada vez menos consistente.”

Las profundas y reveladoras medidas económicas dirigidas por Robert B. Reich en la era Clinton, cuyos principios han sido profusa y detalladamente descritos en esta obra, no fueron más que una visión muy avanzada del futuro de Occidente ante los inevitables retos económicos y sociales que ya venía observando en la evolución global sobre la que inexorablemente avanzan los países del G20, e independientemente de las consecuencias del estallido de esta crisis económica fruto de la especulación. El futuro social y económico está inteligente y detalladamente explicado en estas páginas y, tal y como viene sucediendo desde la década de los noventa, paso a paso se van cumpliendo cada una de las transformaciones aquí explicadas que, paulatinamente, se están consolidando en nuestra sociedad sin que prácticamente nos estemos dando cuenta. Su influencia a nivel económico, social, político, educativo, cultural,… es clara y rotunda en la actualidad, y las reglas que marcarán las relaciones económicas y comerciales a nivel mundial están muy claramente descritas en estas páginas para informar a los lectores de Lux Atenea Webzine interesados en conocer el mundo en el que vivimos… y en el que viviremos. Un mundo donde el conocimiento va a marcar decisivamente el futuro y el bienestar de cada uno de los ciudadanos ante el imparable dinamismo comercial que la globalización está exigiendo (y exigirá) para tener éxito y triunfar. Dentro de unos años, el poder de las naciones no se llegará a medir por su capacidad industrial sino por la capacidad que tengan los ciudadanos de ese país para crear riqueza a través de los canales económicos nacionales e internacionales existentes en ese momento, los cuales estarán en constante evolución y en radical cambio de un lustro a otro debido al impacto de la innovaciones tecnológicas. La tecnología, el intelecto y la cultura serán las claves con las que se medirá el poder económico de una nación, y serán los ciudadanos de ese país los que habrán de crearlas, potenciarlas, adaptarlas y transformarlas para crear riqueza. “El Trabajo De Las Naciones”, la realidad del siglo XXI descrita en la década de los noventa por uno de sus más aventajados visionarios. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“La mayor dificultad no es idear o establecer las soluciones. El desafío está en tomar la determinación política para iniciar la acción.”

Lux_Atman

Artículo Nº:  1.332
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