miércoles, noviembre 28, 2012

FRIEDRICH HÖLDERLIN “LAS GRANDES ELEGÍAS (1800-1801)”.

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Publicado por:   EDICIONES HIPERIÓN, S.L.
ISBN:  84-7517-114-1
Edición:  1998
Páginas:  119

“¿Por qué las danzas sacras no expresan ya alegría?”

Los melancólicos vientos del siglo XIX vuelven a presentarse en Lux Atenea Webzine teniendo como protagonista a uno de los genios del Romanticismo alemán por excelencia: Friedrich Hölderlin (1770-1843). Con una poesía lírica prácticamente insuperable, en esta obra dedicada al lamento con lágrimas literarias llamada elegía, el maestro Hölderlin absorbe la magia de lo mitológico para ofrecer al lector esa sensibilidad poética propia del creyente en el Ideal. Un espíritu y una voluntad que se mueve internamente en busca de esa perfección llamada Ideal que, en “Las Grandes Elegías (1800-1801)”, queda profundamente condicionada por la ética y la moral del mito a través de la constante presencia de dioses y diosas griegos a lo largo de estas sutiles páginas tocadas por la Belleza más sublime. Una llama procedente de la sensible alma decimonónica donde espíritu y mirada quedan atrapados en lo carnal, obligando al ser a mirar al Cielo en su intento de poder comprender su aciaga situación. Un culto al individualismo de corte espiritual que, en esta gloriosa lírica, presenta ese apolíneo brillo originario de la antigua Grecia mientras lo tradicional ya empezaba a divisar el monstruo de la modernidad en el horizonte nada más comenzar este siglo XIX. Una modernidad, hija del Siglo de las Luces, que no habla el lenguaje del espíritu y del alma, sino que practica el arte de lo material para embrujar al cuerpo y al Ego con su promesa de sueños que nunca se harán realidad. Pero Hölderlin no entiende ese lenguaje fugaz, intrascendente y un tanto frívolo basado en la hegemonía de la Razón. De por sí, ni se molesta en pararse a entenderlo. Los aires sagrados del Romanticismo son los que le dan vida en medio de esa vorágine racionalista, y estas elegías no son más que el reflejo poético de esos ideales en los que se asienta su personalidad en una perspectiva vital y espiritual que jamás abandonará su existencia.

“Los amados de los dioses piensan en la gloria a ellos destinada,
y los hijos de Atenas no contienen su genio que desprecia la muerte.”


En esta temporada invernal, el libro “Las Grandes Elegías (1800-1801)” encuentra el escenario perfecto para que su lírica pueda ser integrada en el lector a través de esa paralización psicológica del tiempo llamada reflexión. Un estado de consciencia muy especial que, en entornos propios del estío, no puede llegar a profundizar en capas más trascendentes donde lo metafísico queda lejos ante la intensa energía de la luz que nos rodea y los ambientes cálidos que aplacan el vigor filosófico. En cambio, el invierno es perfecto para adentrarnos en esos terrenos espirituales y metafísicos que tanto estimulan nuestro intelecto, sensibilizando nuestra alma al encontrar su alimento natural. En el invierno es cuando nombres y lugares como Atenas, Jonia, Salamina, Esparta, Hesperia, Olimpia, Tebas, Parnaso, Cadmos, Atenea, Delos, Creta,… adquieren su significado poético más directamente unido a la cultura europea, despertando en nuestra mente ese ánimo irreverente y desafiante que siempre ha caracterizado a Occidente. Estas excelsas elegías son eso mismo, lírica en la que se visualiza el Ideal. Elegías donde el espíritu romántico incluso se permite disfrutar del esplendor dionisiaco porque solamente las almas cultas y libres son capaces de apreciar tan preciados y exquisitos manjares. Este libro es una ilustre obra para degustar muy plácidamente si desde que tuviste uso de razón, caíste poseído irremediablemente por el espíritu de la cultura occidental. Una esencia intelectual que el talento del maestro Hölderlin supo cómo pulirla con palabras y sentimientos hasta dejarla tan purificada como si los mismos dioses se la hubieran revelado. “Las Grandes Elegías (1800-1801)”, sin duda alguna, otra obra maestra de Romanticismo alemán de imprescindible lectura. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Aún hay por descubrir mucha grandeza, y quien amó,
quien tanto amó, debe tomar la senda de los dioses.”


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Lux_Atman

Artículo Nº:  1.348
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