sábado, diciembre 17, 2011

WILLIAM J. BROAD “LA VERDADERA GUERRA DE LAS GALAXIAS (EL PROYECTO SDI – INICIATIVA DE DEFENSA ESTRATÉGICA)”.

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LUX ATENEA WEBZINE conmemora el centenario del nacimiento del cuadragésimo presidente de los Estados Unidos de América Ronald Wilson Reagan (1911-2004).

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Publicado por: EDITORIAL PLANETA, S.A.
ISBN: 84-320-4768-6
Edición: 1986
Páginas: 215

“Nosotros trabajamos en armas para la vida, las que salvarán al pueblo de las armas de la muerte. Se trata de una decisión moral en la que creo firmemente. No puedo entender por qué todos, en todo el mundo, no estamos trabajando en encontrar los medios para eliminar la guerra nuclear.”

Independientemente de las afinidades o discrepancias que la política de Ronald Wilson Reagan (1911-2004) pueda despertar en los lectores de Lux Atenea Webzine, de lo que no cabe la menor duda es que Ronald Reagan continua siendo el presidente más valorado por el pueblo norteamericano según nos ha indicado clara y rotundamente la última encuesta realizada por Gallup a principios de este mismo año. Con una de las victorias electorales más aplastantes en unas presidenciales, y con uno de los mayores porcentajes de votos recibidos en toda la historia de los Estados Unidos de América, a Ronald Reagan se le sigue recordando como el presidente que sacó a los EE.UU de la crisis moral y económica más dura vivida en este país durante la segunda mitad del siglo XX. Un record de popularidad entre los ciudadanos norteamericanos que todavía no ha sido superado a pesar de los tiempos de esplendor y de liderazgo que también han podido disfrutar otros presidentes que le han sucedido o precedido en el cargo. Dejando a un lado algunas cuestiones económicas de su política que no tienen relación alguna con la información contenida en este libro, en cambio, sus decisiones relacionadas con el despliegue militar estadounidense en el mundo como respuesta a la amenaza del bloque soviético, llevarían al presidente Ronald Reagan a tomar decisiones arriesgadas y muy firmes no siempre comprendidas por otros líderes occidentales. Por ejemplo, medidas disuasorias como el despliegue de misiles Pershing-II y de crucero en Europa (equipados con cabeza nuclear) y con capacidad para llegar a Moscú en diez minutos, fueron tomadas como respuesta al desequilibrio de poder militar que tenía la constante amenaza que suponía la presencia de submarinos soviéticos con misiles nucleares situados en aguas internacionales del Atlántico, y cuya cercanía a la ciudad de Washington les permitía poder realizar un posible ataque nuclear a la capital de EE.UU en pocos minutos. Dentro de esos movimientos militares orientados al equilibrio de poder durante la Guerra Fría, y donde los misiles nucleares intercontinentales fueron una de las piezas estratégicas fundamentales para los dos bloques, la administración Reagan (1981-1989) estaba decidida a apoyar a la comunidad científica norteamericana con todos los recursos posibles si el fruto de ese esfuerzo permitía alcanzar un sistema de respuesta efectivo a la amenaza que suponían los misiles intercontinentales soviéticos en caso de un ataque por sorpresa. En esa época, más de 8.000 cabezas nucleares estaban apuntando al suelo norteamericano, y el presidente Ronald Reagan estaba decidido a hacer todo lo posible para crear las armas que fueran necesarias para anular esa amenaza nuclear contra su nación. El proyecto que nacería para crear ese escudo que protegiera a los EE.UU de los misiles intercontinentales soviéticos sería conocido como SDI (Strategic Defense Iniciative, Iniciativa de Defensa Estratégica), popularmente conocido como “Guerra de las Galaxias”. Dentro de todos los libros e informaciones que los lectores de Lux Atenea Webzine pueden encontrar sobre este atrayente tema histórico y militar, ninguno lo ha tratado de forma tan directa y clara como esta interesante obra aquí reseñada.

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El proyecto SDI dispondría de unos generosos presupuestos aprobados por el gobierno norteamericano, y entre todos los diversos sistemas de defensa que se diseñarían, en este libro destacan sobre todo las armas nucleares de tercera generación, el láser de rayos X (ya sea instalado en misiles para su lanzamiento desde submarinos o en estaciones geoestacionarias en el espacio) y las supercomputadoras con tecnología basada en una sola oblea de silicio. Otras tecnologías como la fusión nuclear utilizando tecnología láser, la protección de cabezas nucleares en el espacio, los misiles balísticos con motores de combustible sólido (entre ellos se mencionan los modernos misiles MX que serían aprobados e instalados con el apoyo de la administración Reagan), el software para la predicción y cálculo de los materiales utilizados en algunas armas nucleares, las bombas “cerebro” (bombas nucleares cuya radiación es capaz de incapacitar a toda una población sin matarla),… son también mencionadas en esta obra pero sin entrar en muchos detalles técnicos debido al secretismo que siempre ha rodeado a la avanzada tecnología militar norteamericana. La obra “La Verdadera Guerra de las Galaxias” se transforma casi en el diario de este periodista del New York Times, especialista en temas científicos, tras la oportunidad que tuvo de visitar las modernas instalaciones del Laboratorio Nacional de Livermore (situadas en el estado de California), pudiendo hablar con parte de los científicos y de los mandos responsables de este colosal esfuerzo militar orientado a la defensa antimisiles. Un ambiente de trabajo que le acabaría dejando muy impresionado debido a esa extraña combinación de máximo esfuerzo y de genialidad mostrada por este grupo de científicos, mayoritariamente joven, mezclaba sabiamente con una disponibilidad de medios económicos y de alta tecnología a su alcance que únicamente puede encontrar un científico en el campo de la investigación militar. Algunos científicos míticos en la historia de la tecnología nuclear norteamericana como el físico Edward Teller, padre de la bomba de hidrógeno, adquieren una destacada importancia en estas páginas debido al decidido apoyo mostrado a esta clase de armas defensivas destinadas a proteger a los Estados Unidos de América ante posibles ataques nucleares contra su población (o contra sus instalaciones militares) mediante el uso de misiles balísticos intercontinentales.

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Cuando el proyecto SDI empezó a tomar forma a través de la aplicación de una serie de avanzadas tecnologías en el desarrollo de la defensa, el escudo antimisiles fue concebido y dimensionado en tres fases fundamentales, independientes entre sí, pero escalonadas en su función defensiva tanto en la destrucción de los misiles balísticos lanzados, como en la eliminación de cada una de las cabezas nucleares en el espacio que supusieran un peligro para la nación. Ante un ataque nuclear soviético, se activaría una primera fase, formada por satélites de detección de lanzamiento de misiles balísticos desde el territorio soviético, que pondría en marcha todo este sistema de defensa activando una serie de estaciones espaciales dotadas con varios láser de rayos X cuyo disparo, trataría de destruir esos misiles balísticos lanzados antes de que pudieran soltar sus cabezas nucleares en el espacio. Si algunos misiles lograban traspasar esta primera línea de defensa, una segunda fase se activaría detectando qué cabezas no eran más que señuelos destinados a burlar el sistema defensivo y qué cabezas nucleares soltadas eran verdaderas, procediendo a su destrucción mediante otro sistema de armas. Las cabezas nucleares que hubieran logrado traspasar este segundo nivel defensivo se encontrarían con una tercera fase del escudo antimisiles en el camino a su destino. En esta última fase, radares, misiles y armas de alta energía tratarían de eliminarlas antes de que pudieran detonar el explosivo nuclear sobre sus objetivos. Como se puede comprobar, el uso de la alta tecnología en terrenos científicos como la informática, las comunicaciones, la óptica, la aeronáutica o la física nuclear se convirtieron en la esencia fundamental de este proyecto, tratando de alcanzar con éxito estos ambiciosos objetivos. En esta defensa de carácter militar, los riesgos no solo aparecieron a nivel científico y tecnológico, sino a nivel de toma de decisiones políticas debido a los escasos 100 segundos que disponía el presidente para decidir si activaba o no el escudo antimisiles para evitar una ataque nuclear soviético. A nivel militar, la instalación de este escudo antimisiles también podía suponer una nueva escalada nuclear en el espacio ya que esta tecnología de defensa podía tener aplicaciones ofensivas, activando una posible guerra nuclear preventiva por parte de los dirigentes soviéticos (acto que precisamente trataba de evitar) antes de que el escudo estuviera plenamente operativo, debido a la posibilidad de que fueran atacados sin posibilidad de respuesta.

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En las páginas de este libro, los lectores de Lux Atenea Webzine comprobarán cómo el autor también ha sabido reflejar los miedos, incluso dentro de la propia comunidad científica norteamericana, respecto al despliegue del escudo antimisiles debido a la posible ruptura del equilibrio de fuerzas que el MAD (Mutual Assured Destruction, Destrucción Mutua Asegurada) estaba garantizando a los dos bloques ante un ataque nuclear entre ellos y, mediante el cual, ninguna de las dos potencias atacaría a la otra porque sus poderosas fuerzas nucleares garantizaban la completa aniquilación del rival en caso de recibir un ataque. Pero, con el escudo antimisiles, el MAD quedaría obsoleto al permitir a una de las partes anular el ataque con misiles balísticos intercontinentales del contrario, dejando la posibilidad de lanzar un ataque preventivo contra el otro al tener la seguridad de estar protegido en caso de que este respondiera lanzando sus cabezas nucleares, siendo estas destruidas antes de llegar a sus objetivos. En realidad, lo que sí logró el programa SDI fue un aumento de los gastos militares en la Unión Soviética, siendo un esfuerzo más aplicado a su maltrecha economía nacional que provocaría un colapso cuyo efecto fue el hundimiento de todo el bloque comunista en Europa tras la caída del Muro de Berlín. Dentro de la estrategia llevada a cabo por Ronald Reagan, que llevó a los soviéticos a su ruina económica por el incremento en los gastos militares que eran necesarios para poder contrarrestar el poder militar norteamericano, proyectos como el SDI fueron fundamentales para embarcar a los soviéticos en aventuras tecnológicas y militares de alto coste que no podían asumir. Tras el colapso del bloque comunista, el SDI dejó de tener su razón de ser quedando en la historia militar de los EE.UU como uno de los esfuerzos económicos, científicos y militares más revolucionarios y avanzados que jamás se hayan propuesto poner en funcionamiento. Unas innovaciones tecnológicas que tendrían su recompensa en multitud de aplicaciones científicas que, gracias a los generosos fondos destinados a este proyecto, permitieron realizar una revolucionaria proyección de la tecnología civil y militar Made in USA en todo el mundo. Como siempre ha sucedido a lo largo de toda la Historia de la Humanidad, los avances científicos y tecnológicos han aumentado considerablemente en tiempos de guerra (o de conflicto entre naciones), cambiando el mundo con la presencia de estos avances obtenidos gracias al fruto conseguido tras los nuevos descubrimientos realizados. “La Verdadera Guerra de las Galaxias (El Proyecto SDI)”, cuando la Ciencia es capaz de crear armas tan avanzadas que parecen más propias de la ciencia-ficción. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Incluso el presidente Reagan aludió a este peligro en su discurso de marzo de 1983: << Reconozco claramente que los sistemas defensivos tienen limitaciones y suscitan ciertos problemas y ambigüedades. Si se los empareja con sistemas ofensivos, puede considerarse que fomentan una política agresiva, y eso nadie lo desea. >>”

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Lux_Atman

Artículo Nº: 1143
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