viernes, octubre 14, 2011

PERCY BYSSHE SHELLEY “ST. IRVYNE O EL ROSACRUZ”.

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Lux Atenea Webzine conmemora el BICENTENARIO de la publicación de la obra “ST. IRVYNE O EL ROSACRUZ (1811)” escrita por el ilustre escritor y poeta del Romanticismo PERCY BYSSHE SHELLEY (1792-1822).

Publicado por: CELESTE EDICIONES, S.A.
ISBN: 84-8244-358-5
Edición: 2002
Páginas: 135

“¿Qué me importan nacimiento, fama, fortuna y todas las bondades que, por azar, he recibido?”

Doscientos años han pasado ya desde la primera publicación del mítico libro “St. Irvyne o el Rosacruz”, y el decimonónico espíritu literario del maestro Percy Bysshe Shelley sigue aun perfumando cada página de esta obra en la segunda década del siglo XXI, ofreciendo al bibliófilo lector de Lux Atenea Webzine este mensaje tan oscuro, tan espiritual, y tan humano a su vez, que es característico en la perspectiva vital de los románticos del siglo XIX en la difícil y convulsa época que les tocó vivir. En la magnífica obra “St. Irvyne o el Rosacruz”, nuestros lectores más cultos y exigentes se encontrarán ante la segunda novela escrita por Shelley dentro del género gótico, y con una ambientación de su trama marcada por el secretismo y por la constante presencia del castillo como sólido y misterioso baluarte de ese mismo secreto. Con una trama muy ágil pero no del todo articulada en su desarrollo a partir de la mitad del libro (faltan los capítulos V y VI en la obra original) y, a pesar de ello, “St. Irvyne o el Rosacruz” les proporcionará momentos de lectura únicos donde la intriga permanecerá omnipresente en la mente hasta su repentino final. Una clausura de la obra donde apreciarán muy claramente cómo Shelley dio repentinamente por concluida su novela, a pesar de faltarle esos dos capítulos destinados a explicar y a enlazar la historia de Eloisa con la de Wolfstein y Megalena dentro de la trama. Una rotunda y contundente muestra del temperamento pasional como escritor en su etapa más joven, y donde también se puede sentir y disfrutar la belleza y la fuerza del estilo literario con el que Percy Bysshe Shelley sorprendió a la intelectualidad más selecta del siglo XIX. Eso sí, esos puntuales borrones en su trama, desde mi punto de vista, no justifican el tono negativo que transmite el prólogo de esta edición porque considero que este libro es una buena obra literaria de Shelley. Obviamente, no es una de las obras maestras que le han convertido en un escritor decimonónico de referencia pero, durante su lectura, este libro logra despertar nuestro interés de forma inmediata al conseguir estimular la imaginación del lector con facilidad, sumergiéndolo en esta intensa y siniestra historia a través de hechos horribles y sangrientos protagonizados por personajes sin escrúpulo alguno. Y, en este terreno, el maestro Shelley, pese a su juventud, conocía a la perfección cómo enganchar al lector desde la primera página. Tras mi atenta lectura y análisis de esta edición publicada por Celeste Ediciones en el año 2002, es una pena que este admirado escritor no llegara a escribir los dos capítulos que faltan, o tal vez se perdieran, aunque reconozco que no estoy muy convencido de esta última opción en vista al estilo narrativo utilizado en los capítulos VII y VIII. Con esta obra terminada al completo, seguro que “St. Irvyne o el Rosacruz” sería considerada y valorada por los expertos como una de sus obras de imprescindible lectura.

“Los rayos de la Luna, con un brillo sepulcral, se reflejaban en el rostro de la mujer que acababa de morir e iluminaban sus facciones, dulces hasta en la muerte.”

Wolfstein es el nombre del protagonista principal de esta obra. Un ser marcado por la desgracia y por la maldad mientras deambula de un lado a otro en busca de un lugar donde poder asentarse en paz y tranquilidad. Uno de los puntos débiles principales que tiene es su apasionamiento que, unido a su instinto asesino implacable y a un carácter impulsivo, hacen que Wolfstein siempre esté totalmente condicionado por lo irracional en cada decisión a tomar o en cada acto. Aunque ocasionalmente muestra ciertos gestos de bondad durante la trama, al final su lado oscuro siempre es el que acaba orientando sus actos hacia su propia perdición debido a las consecuencias que éstos traen consigo, siendo Ginetti, otro de los personajes más siniestros de esta historia. Aparentemente, Ginetti trata de atraer a Wolfstein a su propio terreno para sacarle de su horrible vida pero, en realidad, Ginetti es el único ser al que Wolfstein teme porque nunca llega a percibir o entender claramente cuáles son las verdaderas intenciones que le tiene asignadas. Y cuando Wolfstein hace un juramento a Ginetti que resultará crucial en esta trama, su destino quedará definitivamente escrito. A pesar de la dureza del mundo que les toca vivir, otros personajes que desde el lado luminoso de la bondad se lanzan de lleno al lado más obscuro y perverso del ser humano son Megalena y Olympia, quedando resaltadas como contraste moral y ético de otros personajes femeninos más puros como Eloisa. Pero el mensaje literario y filosófico que queda rotundamente claro en el libro “St. Irvyne o el Rosacruz” es que lo moral y lo ético siempre quedan en un segundo plano frente al interés egoísta del individuo, siendo el maquiavélico lema “el fin justifica los medios” lo que se convierte en la actitud mayoritaria de estos personajes cuando tratan de conseguir aquello que desean, incluso, llegando al asesinato si fuera necesario. Con el profundo temor a la muerte que caracteriza a los seres humanos, sobrevolando gran parte de la trama de esta obra, y con lo espiritual siempre situado en un segundo plano salvo en las páginas finales, por su temática y por su perspectiva, sin duda alguna, “St. Irvyne o el Rosacruz” es un libro que encaja perfectamente en la sociedad del siglo XXI debido a los planteamientos y a las lógicas existenciales que presentan la mayor parte de sus personajes, ofreciendo ese toque filosófico postindustrial y posmoderno caracterizado por la irresistible atracción por lo material, por la búsqueda del placer y por el rechazo hacia todo lo relacionado con la muerte que se encuentran siempre presentes. Como apunte final, en esta obra no encontrarán referencia alguna en relación a lo rosacruz, entendiendo que su mención en el título estuvo más bien orientada a despertar el interés del público en aquella época. “St. Irvyne o el Rosacruz”, otra joya literaria del Romanticismo decimonónico firmada por uno de sus genios artísticos más excelsos. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Nunca tu mente habría alcanzado un tan elevado nivel de desarrollo y de excelencia, si yo no hubiera estado pendiente de cada uno de sus movimientos, y no hubiera educado tus sentimientos, en el tiempo de su expansión, en el desprecio hacia la vulgaridad satisfecha.”

Félix V. Díaz
RESEÑA Nº:
En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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