martes, abril 19, 2011

BARTOLOMÉ BENNASSAR “DON JUAN DE AUSTRIA. UN HÉROE PARA UN IMPERIO”.

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Publicado por: RBA, S.A.
ISBN: 84-473-4733-8
Edición: 2006
Páginas: 255

“El proyecto de don Juan tenía una perfecta coherencia geopolítica: de ponerlo en ejecución con éxito hubiera significado un dominio casi absoluto de España en la cuenca occidental del Mediterráneo.”

Sin duda alguna, Don Juan de Austria es un glorioso personaje histórico digno de ser considerado como un héroe sobrehumano bajo el prisma del Romanticismo Alemán de principios del siglo XIX. Nacido en la ciudad de Ratisbona (24 de febrero de 1545), entonces perteneciente al Sacro Imperio Romano Germánico, Don Juan de Austria se convertiría en uno de los protagonistas clave en la Historia Militar de España, grabando su nombre con letras de oro junto a otros grandes militares de la época imperial española como Don Álvaro de Bazán y Guzmán, Fernando Álvarez de Toledo el Gran Duque de Alba, Alejandro Farnesio y Habsburgo, García Álvarez de Toledo y Osorio,… Como hijo bastardo del rey Carlos I de España con Bárbara Blomberg, tras su llegada a la ciudad de Leganés (en aquella época, aldea de Leganés) por deseo expreso del propio rey, su posterior educación en España le llevaría a cursar cuatro años en la Universidad de Alcalá de Henares. Miembro de la Orden del Toisón de Oro, con el tiempo y con la experiencia atesorada en la resolución de conflictos, Don Juan de Austria demostraría con hechos irrefutables su incuestionable valor como experto militar dotado con unas especiales dotes diplomáticas que le permitirían ganarse el respeto y la admiración de las naciones europeas, e, incluso, de las enemigas de España. Una apasionante biografía que los lectores de Lux Atenea Webzine leerán con avidez, permitiéndoles informarse y profundizar un poco más sobre los auténticos protagonistas de nuestra memorable historia militar.

“La situación en la que se encuentra Don Juan es la consecuencia de la imposibilidad del Tesoro español de pagar el costo del control de la rebelión de los Países Bajos.”

El protagonismo de Don Juan de Austria en importantes campañas y batallas de la época como Capitán General de las tropas reales en la rebelión morisca en las Alpujarras (1568-1571), en su acertada estrategia al mando de la flota naval creada por la Liga Santa que resultaría fundamental en la victoria cristiana contra los turcos en la célebre batalla de Lepanto (4 de octubre de 1571; hasta ese momento, la armada turca solamente había tenido un solo fracaso durante el sitio de Malta), la conquista de Túnez (octubre de 1573) y la rebelión de los Países Bajos, territorio donde conocería la gloria de la victoria en la batalla de Gembloux hasta terminar encontrándose frente a frente con la muerte el 1 de octubre de 1578 durante el asedio de la ciudad de Namur, tras haber sido contagiado por tifus. Víctima de las envidias en la corte de Felipe II (Juan de Escobedo, Antonio Pérez,…) debido a sus gloriosos éxitos en las batallas más importantes de la época que lo habían convertido en uno de los militares más admirados en toda Europa, la falta de apoyo del rey e, incluso el agravamiento de su difícil situación militar y económica por parte de propio Felipe II a la hora de que pudiera alcanzar los objetivos militares que le habían asignado, llevaron a Don Juan de Austria a una delicada situación que tendría como triste final, su prematura muerte en los Países Bajos Españoles a la edad de 33 años. Como miembro de la Familia Real Española, sus restos se encuentran depositados en el Panteón de los Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

“A principios de enero de 1578, los regimientos españoles de élite están de vuelta en Luxemburgo con Alejandro Farnesio, primo y amigo de don Juan, cuyo genio militar resplandece de entrada en la batalla de Gembloux del 31 de enero. Es una victoria total, que deja sin tropas a los Estados. Don Juan puede esgrimir triunfante la bandera en la cual está bordada una cruz con la inscripción: in hoc signo vinci turcos; in hoc signo vincam haereticos.”

Don Juan de Austria no pudo ver hecho realidad sus sueños militares de invasión de Inglaterra, una de sus mayores ilusiones y prioridades que muchos ya conocían. Don Juan de Austria personifica al héroe victorioso que acaba atrapado en las redes políticas tejidas por el Estado, a pesar de las importantes victorias alcanzadas en combate. Una red asfixiante y letal para todo militar que no cuente con un apoyo político claro e incondicional de su gobierno. Si tuviéramos que encontrar en el siglo XX a un líder militar con esta inmortal aura de victoria erigida en la guerra, y fuertemente encadenado a su vez por la política que le obligaban a cumplir, un Don Juan de Austria moderno sería Patton, McArthur, Rommel, Guderian,… líderes militares que van mucho más allá de lo castrense, convirtiendo a cada uno de los miembros de su ejército en unos soldados cuya fortaleza moral les predestinarán a la gloria. Una poderosa e incuestionable fuerza militar destinada al triunfo sobre el enemigo dirigida por líderes militares que traspasan el límite de lo humanamente comprensible, transformando a cada una de las personas que le rodean en seres especiales que lo darán todo, lo aguantarán todo, y que seguirían a su jefe hasta en el mismísimo Infierno si este se lo pidiera. Trasladando todo este luminoso y triunfal espíritu a la realidad de la sociedad humana marcada por la mediocridad dominante, es obvio que las personas tocadas por este don divino generen envidias y recelos en otros individuos cuyas carencias espirituales y existenciales ven aumentadas en cuanto se encuentran ante los colosales éxitos alcanzados por estos seres humanos capaces de engrandecer la historia y el prestigio de una nación por sí solos. Un protagonismo que, pese a la influencia de las intrigas palaciegas en su contra en la corte de Felipe II, el tiempo no ha hecho más que engrandecer su relevancia histórica. “Don Juan de Austria”, una biografía esencial para poder conocer la vida de uno de los militares que más gloria ha dado a España durante nuestra hegemónica época imperial. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Aún escaparía a un atentado contra su persona, intentado por Radcliffe, hermano bastardo del conde de Sussex, al que pagaban Isabel de Inglaterra y Guillermo de Orange, del que se salvó gracias al retrato del mismo asesino enviado por el embajador en Inglaterra, Mendoza, que demostraba así la eficacia de su red de espías. A Radcliffe le detuvieron en el campamento de Tirlemont, cuando se disponía a apuñalar a don Juan. Fue procesado, condenado a muerte y descuartizado.”

Lux_Atman

Artículo Nº: 964
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