jueves, noviembre 11, 2010

PAUL LENI “EL HOMBRE QUE RIE (THE MAN WHO LAUGHS)”.

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DIRECTOR: PAUL LENI
ACTORES PRINCIPALES: MARY PHILBIN, OLGA BACLANOVA, CONRAD VEIDT, CESARE GRAVINA, BRANDON HURST
AÑO: 1928 DURACIÓN APROX.: 110 minutos
PUBLICADO POR: TRIBANDA PICTURES, S.L. AÑO: 2010 FORMATO: DVD

Rodada en Estados Unidos en el año 1927, “El Hombre que Ríe” es una película muda de culto creada por el prestigioso director Paul Leni (1885-1929), auténtico maestro del expresionismo alemán más vanguardista y revolucionario de su época. Una película que es una adaptación cinematográfica de la obra dramática escrita por un genio de la literatura como Victor Hugo. Años después de su estreno ante el gran público (1928), muchos de los impactantes fotogramas que se aquí se filmaron, pertenecientes a su personaje principal Gwynplaine, acabarían inspirando a los dibujantes de cómic Jerry Robinson y Bob Kane para la creación del rostro del irreconciliable enemigo del superhéroe Batman: el maléfico y sarcástico personaje del Joker. La difusión pública actual del vínculo existente entre la imagen de Gwynplaine en la película “El Hombre que Ríe” y el Joker, dato de sobra conocido por los fieles seguidores de esta exitosa serie de atmósfera gótica, ha vuelto a dar un renovado protagonismo a este siniestro largometraje en el siglo XXI, despertando su interés a la hora de conocer en mayor profundidad este universo cinematográfico siempre tan sorprendente como provocador. En “El Hombre que Ríe”, los lectores de Lux Atenea Webzine apreciarán muy claramente una excelsa calidad nada corriente en muchas otras películas de éxito rodadas en esta década, gracias a una generosa financiación que la permitiría ser incluida dentro de las míticas superproducciones de la Universal (invirtieron más de un millón de dólares en ella). Una obra cinematográfica que, tras el prematuro fallecimiento de su director al año siguiente de su estreno, acabaría convirtiéndose en su penúltima película.

“El Hombre que Ríe” es un drama de corte sentimental cuya trama se desarrolla en la Inglaterra del siglo XVII. Cuando el padre de Gwynplaine cae en desgracia durante el reinado de Jacobo II, este es condenado a morir dentro de la terrorífica y espeluznante Dama de Hierro. Pero el rey Jacobo II también buscará aplacar su venganza en su hijo, por lo que ordenará que su rostro sea modificado mediante cirugía hasta que la sonrisa quede permanentemente reflejada en su cara. Tras ser vendido y abandonado, Gwynplaine salva a un bebé de morir congelado (la dulce Dea), y tras ser recogidos por unos feriantes, su vida queda ineludiblemente unida al triste destino de un monstruo de feria cuyo éxito entre el público acabará llamando la atención de la realeza. Gwynplaine regresa a la corte que provocó su desgracia y, a partir de entonces, el destino de su vida cambia radicalmente… Sin lugar a dudas, la película “El Hombre que Ríe” es un siniestro y dramático recorrido por la vida de un ser condicionado por su imagen. Una visión del protagonista que, de forma magistral, Paul Leni nos mostrará a través de un inteligente juego de luces y sombras que darán vida a estas atmósferas barrocas y oscuras muy bien logradas mediante el uso de siniestros e impactantes decorados. Una película que ofrece al espectador escenas imborrables de indiscutible belleza, y que gracias a la admirable labor interpretativa realizada por grandes actores como Mary Philbin (Dea), Olga Baclanova (Duquesa Josiana), Conrad Veidt (Gwynplaine), Cesare Gravina (Ursus), Brandon Hurst (Bakilphedro, el consejero real),… convierten a esta obra de arte en una garantía absoluta del gran espectáculo que sólo el Séptimo Arte es capaz de ofrecernos en la vida.

Pero no hay que olvidar que la trágica grandeza visual de la película “El Hombre que ríe” es la que finalmente permite que el espectador pueda generar emociones a través de la contemplación de algo tan terrible como es la desfiguración del rostro de una persona por otros humanos para que esta esté condenada a sonreír, aunque esté pasando por momentos profundamente tristes de su vida. Es imposible no conmoverse al contemplar los amargos frutos concebidos por el lado más oscuro de la mente humana como son estos hechos cuya realidad en el cuerpo de otro ser humano, terminan condenándolo a sufrir de por vida. Por este motivo, los actos protagonizados por Gwynplaine solamente pueden ser juzgados desde la toma de conciencia previa del trágico pasado que este ha padecido. Una tragedia que siempre reaparece en su presente por culpa de su desfigurado rostro. Desde un espejo, hasta la inmediata reacción de sorpresa, diversión o miedo que su cara provoca en aquellos que le ven, convierten su vida en un constante sufrimiento que no puede nunca evitar porque su destino parece evitar el contacto de sus manos para ser atrapado y controlado. Por este motivo, Gwynplaine nunca se sentirá libre y, en cambio, sí se sentirá encadenado a una imagen pública que no puede cambiar ni eliminar.

En el caso de Dea, a la que salvó de morir de frío cuando era muy pequeña, el amor que Gwynplaine siente por ella está también condicionado por la ceguera que esta padece, ofreciendo una imagen simbólica del Amor donde lo visual nunca se valora por encima de la bondad interior. Conceptos absolutamente opuestos a lo que socialmente es entendido y apreciado como Amor porque, desde el punto de vista de la mayoría de las personas, esos valores están irremediablemente invertidos en lo que ven como normalidad. Tal vez, la ceguera de Dea también permite que esta no sufra contantemente al ver cómo las personas tratan a su persona amada sin tener en cuenta su bondad interior, amparándose en su imagen deforme como justificación de sus repudiables reacciones. Belleza interior e imagen siniestra, dos elementos que, en personas que sienten dentro de sí el espíritu nacido en el Romanticismo, son tomados como algo normal y bello si estos están unidos, y, en cambio, el resto de la Humanidad siempre ha etiquetado directamente como algo monstruoso y maléfico. Por lo tanto, ¿Quiénes poseen verdaderamente la pureza espiritual en su interior, el deformado Gwynplaine y la ciega Dea, o la normalidad propia del resto de las personas que les rodean? ¿Está siendo justa la sociedad con las personas cuando estas no tienen una imagen que se considere “normal”? ¿Quiénes se comportan realmente en sus vidas como verdaderos adoradores del Mal por sus actos, los estigmatizados por su deformidad o por su imagen no convencional, o aquellos que están integrados dentro de la estética y la normalidad social? “El Hombre que Ríe”, de nuevo, una película de culto vuelve a ser protagonista en esta webzine cultural al ser elegida para formar parte de nuestra selección cinematográfica. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

Lux_Atman

Artículo Nº: 768
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