jueves, octubre 28, 2010

PAUL FREEDMAN “LO QUE VINO DE ORIENTE. LAS ESPECIAS Y LA IMAGINACIÓN MEDIEVAL”.

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Publicado por: PUBLICACIONS DE LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA.
ISBN: 84-370-7783-3
Edición: 2010
Páginas: 289

“Las especias no se utilizaron para conservar la carne o encubrir el sabor de la deteriorada.”

Este libro es una excelente obra que ayuda a aclarar muchas de las cuestiones relacionadas con el mundo medieval y con los revolucionarios descubrimientos que llevarían a Europa a conquistar y dominar prácticamente todo el planeta mediante la forja de imperios de ultramar y su posterior sistema colonial. Entre todas esas fuerzas que impulsaron a los europeos a lanzarse al mar en busca de nuevas tierras y sus riquezas, la pasión que los europeos tenían por las especias destaca por encima de todas debido a los altos precios que los europeos venían pagando por ellas hasta entonces. Unas especias cuya venta en Occidente proporcionaba elevados beneficios, y con los cuales, surgirían potencias económicas y militares como Venecia y Génova en Europa. Pese a que el coste de las especias en origen no era muy elevado, los musulmanes, que eran quienes controlaban las rutas de distribución en Europa, terminaron por aplicar un margen de beneficio altísimo como parte de su estrategia contra el mundo cristiano, y esta política abusiva de precios, terminaría convirtiéndose en el motor económico que impulsaría a los portugueses a llegar hasta la India a por especias, bordeando el continente africano, y a los españoles a descubrir América tratando de encontrar otra ruta hacia Oriente. Cuando los portugueses empezaron a traer las primeras especias a Europa directamente desde su origen, el peso geopolítico y económico en el Mediterráneo quedó muy alterado, pero el descubrimiento de América y la primera vuelta al mundo llevada a cabo por los españoles serían los que acabarían abriendo el mundo a las potencias europeas occidentales, provocando unos radicales cambios en las costumbres de la época que acabarían llevando a las especias a su decadencia definitiva en Europa. El chocolate, el café, el té, el azúcar,… comenzarían a sustituir poco a poco a las especias en su privilegiada atracción social hasta llevarlas a su situación actual.

“Una de las características más distintivas de la revolución culinaria francesa del siglo XVII fue el rechazo a las especias.”

Se ha tratado de dar explicaciones de todo tipo para justificar esa pasional actitud europea hacia las especias, pero nada mejor que esta excelente obra para aclarar el nacimiento y desarrollo de esta fascinación por las especias. “Lo que vino de Oriente. Las Especias y la Imaginación Medieval” es un libro donde, paso por paso, los lectores de Lux Atenea Webzine conocerán el motivo que originó tales pasiones entre la población, en una psicológica mezcla popular donde se fusionaron el mundo religioso, la gastronomía, la medicina y los privilegios sociales. A nivel religioso, las especias eran la prueba de la existencia del Paraíso Terrenal en nuestro mundo y sus hipnóticas fragancias se convirtieron en embajadores para los sentidos de quienes creían en él. Con olores propios de la santidad, con perfumes que agradaban la existencia, con fragancias que estimulaban, las especias se unieron a ese sacro mundo donde la religión cristiana había encontrado respuestas espirituales y terrenales para sus fieles dentro de su imaginario. En el mundo gastronómico, las especias estaban consideradas como elemento fundamental para la elaboración de recetas caracterizadas por la complejidad y la finura de sus sabores. Unas especias destinadas a ofrecer manjares cuya exitosa degustación final solamente era posible alcanzar a través de la perfecta combinación de sus cualidades. En paralelo a ese orden y equilibrio establecido, también estaba situado el mundo de la medicina en esta época. Una medicina concebida para el retorno al equilibrio de unos estados internos del paciente cuyo desequilibrio provocaba los malestares y las enfermedades, y las especias estaban consideradas como parte de los remedios que el paciente debía tomar para volver a la buena salud. Pero muchas de estas especias tenían un alto valor y no estaban disponibles para una gran parte de la población. Por este motivo, su posesión era un claro signo de reconocimiento y de prestigio con el que valoraban a las personas, a las familias o a los diferentes rangos sociales. Por este motivo, el alto valor de alguna de estas especias acabó convirtiéndolas en objeto de posesión muy deseado y, por consiguiente, su adulteración y falsificación comercial se hizo inevitable debido a las grandes ganancias que estas otorgaban. De todos estos interesantes temas se habla en este libro de forma extensa y muy precisa, convirtiendo su lectura en un instructivo viaje a la sociedad medieval.

“El gusto por las especias fue más que una moda pasajera, porque duró siglos, realmente desde el Imperio Romano hasta finales del Renacimiento, más de mil años.”

Lo que está claro es que si los musulmanes no hubieran elevado tanto el precio final de las especias en Europa, difícilmente España y Portugal se habrían lanzado al mar en su búsqueda. Pero la esperanza de convertirse en nuevos intermediarios dentro del floreciente comercio de especias, quedándose con ello con todos los exorbitantes beneficios que esta actividad dejaba, movieron a estas naciones a embarcarse en proyectos de ultramar que terminarían cambiando la historia de toda la Humanidad. La sociedad medieval solamente es posible analizarla en profundidad conociendo el tremendo valor que sus gentes otorgaron a las especias. Las especias y el Medievo están íntimamente relacionados, y estas mismas especias formaron parte de una cultura europea cuya idílica mirada estuvo siempre dirigida hacia Oriente, hacia su anhelado Paraíso Terrenal. “Lo que vino de Oriente. Las Especias y la Imaginación Medieval”, una obra de imprescindible lectura para aquellos que aman todo lo relacionado con el mundo medieval. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“En fecha tan tardía como 1667, la pequeña isla de nuez moscada de Run, en el archipiélago de Banda, la cambiaron los británicos por la colonia holandesa de Nueva Ámsterdam en el continente americano, el futuro corazón de la ciudad de Nueva York.”

Lux_Atman

Artículo Nº: 756
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