miércoles, noviembre 11, 2009

JORGE GIMENO “POESÍA DEL BARROCO FRANCÉS”.


Publicado por: EDITORIAL PRE-TEXTOS.
ISBN: 84-8191-975-2 Edición: 2009

“VITA, MORS ET VITA”

Pese a que la poesía barroca escrita en Francia no ha sido muy apreciada en su propio país, ya que los franceses no se llegan a identificar completamente con lo barroco al observarlo como una influencia cultural del sur y esencialmente mediterránea, la calidad y la variedad de estilos poéticos creados durante este periodo nos ofrecen una experiencia literaria de primer orden. Con una seriedad y rigor admirable, el libro “Poesía del Barroco francés” incluye una extensa selección de poemas escritos entre los años 1570 y 1660. Unos poemas en los que se aprecia una influencia importante de la cultura griega clásica y de toda su mitología, y en los que destaca la belleza de sus versos y la absoluta sinceridad mostrada por estos ilustres poetas en sus obras. Durante el Barroco, aparecerían las bases del mundo literario tal y como lo conocemos actualmente, y hasta tal punto llega a ser valorado el poder cultural de la poesía por algunas influyentes personalidades, que incluso, será vista por Richelieu como parte de la política del país.

“La cultura que hoy denominamos Barroco es la expresión de una época de crisis general (Guerras de Religión francesas, Guerra de los Treinta Años, plagas, hambrunas, descenso térmico, crecimiento urbano) y novedades geográficas y científicas que tampoco tranquilizaron.”

Lejos de apreciaciones interesadas, el Barroco es, sobre todo, la poesía del individualismo. Un individualismo amante de la libertad hasta llegar al libertinaje más absoluto. Sátira, ironía e irreverencia llegan a dar vida a versos cargados de ingenio e inteligencia como imagen de un inconformismo existencial que, a veces, puede parecer hasta diabólico. Con esa esencia urbana tan característica, la poesía barroca hace hincapié en el contraste constantemente, provocando en el lector cierta perplejidad al observar versos profundamente marcados por el amor a la belleza y a la figura femenina idealizada, y, a continuación, pasar a leer versos misóginos en tono burlesco. El barroco es así. Puedes pasar del Amor visto como un don celestial, al perfumado y carnal erotismo en donde pasión y posesión es todo uno, simplemente con pasar una página, y en la siguiente hoja, encontrarte con versos muy explícitos y subidos de tono, eso sí, sin perder nunca la elegancia literaria.

“¡Qué agradable ser libre y qué asco el vasallaje
para quien puede ser monarca de sí mismo!”


En lo barroco puedes sentir el hedonismo en estado puro, la esencia narcisista, el egocentrismo que todo lo devora. La personalidad barroca es muy ensoñadora pero tremendamente pragmática. Valora la inteligencia y la experiencia de la vida en todas sus facetas como algo supremo, motivo por el cual, toma lo báquico y la mofa como las dos caras que puede ofrecer al estar poseído por el deseo. El hombre barroco busca divertirse dentro de su egolatría elevada al cubo, por lo que llega a crear bellos poemas de etílico espíritu en donde se adula al placer. Por supuesto, estos egos barrocos no soportan ver la intrascendencia en la vida de otras personas porque conocen el oscuro rostro de los males de amor, de la tristeza y de la resignación ante la vida, y esa visión les desilusiona. Pese a su absoluta adoración a la belleza material, el racionalismo barroco siente los efectos del Tiempo y del desengaño existente en una sociedad que le acaba llevando al aciago pesimismo, según va comprobando cómo su vitalidad se le va escapando entre los dedos. Los versos barrocos saben cómo hablar del paso del tiempo sobre el cuerpo humano y las huellas que va dejando. Poemas dedicados a una belleza perdida que no retornará en seres rotos por la edad. Las debilidades humanas afloran, la languidez se apodera de quien fue un dios sobre la tierra, autotorturándose con pensamientos fúnebres y bastante macabros. Como Fausto, ven en lo mefistofélico una hedonista salida ante la muerte porque lo barroco ama el hoy intenso, el placer disfrutado ya, y de su pago futuro, ya hablaremos.

“¡Qué hermosa sería mi muerte!
Expirar sería el mayor
de los placeres,
e igual que al acostarme
soplo mi vela,
es mi deseo que al morir
apague el Sol.”


Es muy curioso ese contraste poético entre lo esotérico y lo racional, entre lo apolíneo y lo oscuro, entre lo bucólico y lo religioso, entre lo aristocrático y la quietud. En lo barroco, los extremos se tocan, y por este motivo, sabe combinar la métrica con lo plástico, lo ígneo con lo sublime, lo infernal con la virtud de la paciencia. Versos que nos encantan con ese anhelado retorno a la Madre Naturaleza, y luego, se muestran evanescentes, primigenios, trascendentes y condenatorios. En este excepcional trabajo, Jorge Gimeno nos explica con todo lujo de detalles el significado de los símbolos propios de esta época, y su utilización en la creación de estos elegantes poemas, porque el significado de los símbolos y sus colores cambia según la época y la cultura. Con el amor barroco a lo decorado, a lo exquisito, se agradece la explicación clara y precisa de todos estos símbolos.

“Si amo en el propio cielo, a los dioses me igualo.”

En este inicio del siglo XXI, lo barroco parece haber resucitado de sus cenizas. Esta visión de la vida y de la existencia humana, su apreciación de lo bello, sus valores en sociedad, su relación tan particular con lo religioso, incluso, el excesivo apego a lo material, a los placeres y a los disfrutes que ofrece la vida (pasados por el filtro de los avances científicos que están perfilando nuestra sociedad), la modernidad, o mejor dicho, la posmodernidad y lo barroco parecen ramas nacidas del mismo árbol, el árbol de la trasgresión. “Poesía del Barroco francés”, en este siglo XXI el Barroco es más moderno que nunca. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Oh bienaventurado quien logra de por vida
borrar de su cabeza la esperanza de gloria
pues su vano cultivo al placer es contrario,
y lejos se retira de la turba importuna
y reside en su casa feliz con lo que tiene,
conformados los medios y los fines.”


Lux_Atman

Información Adicional:
Los poetas franceses incluidos en este libro son:
Agrippa D´Aubigné, Jean Auvray, Isaac De Benserade, Flaminio De Birague, Georges de Brébeuf, Jean-Baptiste Chassignet, Pierre Corneille, Charles Cotin, Jean Dehénault, Jacques Des Barreaux, Philippe Desportes, Guillaume De Saluste Du Bartas, Jacques Davy Du Perron, Étienne Durand, Gaspar De Fieubet, Jean Godard, Jean Ogier De Gombauld, Isaac Habert, Étienne Jodelle, Jean De La Ceppède, Señor De La Giraudière, Siméon-Guillaume De La Roque, Marin Le Saulx, Jean De Lingendes, François De Malherbe, Claude Malleville, Pierre De Marbeuf, François Nervèze, Marc Papillon De Lasphrise, Honorat De Bueil De Racan, Jean Racine, Mathurin Régnier, Antoine Girard De Saint-Amant, Denis Sanguin De Saint-Pavin, Paul Scarron, Georges De Scudéry, Lazare De Selve, Charles-Timoléon De Sigogne, Jean De Sponde, François Tristan L´Hermite, Pontus De Tyard, Honoré D´Urfé, Nicolas Vauquelin Des Yveteaux, Abraham De Vermeil, Théophile De Viau, Charles Vion D´Alibray, y Vincent Voiture.

Artículo Nº: 457
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