jueves, mayo 21, 2009

ROLAND TOPOR “EL QUIMÉRICO INQUILINO”.

Publicado por: VALDEMAR.
ISBN: 84-7702-642-6 Edición: 2009

“¿Qué pensaría un telépata si estuviera a mi lado?”

Trelkovsky, protagonista principal de esta surrealista historia, se presenta ante el lector como una persona normal, con una vida normal, que ha decidido cambiar de lugar de residencia. Un cambio de aires que es tomado como un giro radicalmente positivo para su vida. Algunas personas, como el señor Zy (el casero del edificio), Simone Choule (antigua inquilina de su apartamento), o Stella (amiga de Simone Choule), se cruzarán en su vida para, una vez instalado en su nueva casa, comenzar a vivir una serie de situaciones con sus vecinos para nada normales. Observará inexplicables desapariciones en las escaleras y en los pasillos del inmueble, le ocurrirán extraños sucesos en su nuevo hogar,... una serie de misteriosos acontecimientos que irán estimulando su curiosidad hasta atraerlo inevitablemente hacia lo misterioso. Además, según vayan pasando los días, poco a poco irá descubriendo que ese apartamento tiene algunos secretos muy bien escondidos.

“Sólo cuando vomitaba la vida le resultaba indiferente.”

Desde un principio, el lector comprobará que a Trelkovsky se le va muy fácilmente la mente de la realidad a la pura fantasía. Con una personalidad muy influenciable por los condicionantes externos, Trelkovsky es un ser manipulable que siempre cede ante cualquiera debido a una total falta de autoestima y de seguridad en sí mismo. De esta manera, lo que para Trelkovsky iba a ser un soleado periodo de su vida, se irá transformando en una etapa más y más negra hasta llegar a una situación de angustia y profunda soledad que le hará sentirse frágil, débil e indefenso ante la vida. Encerrado en sí mismo, caerá en pensamientos depresivos autocomplacientes mientras la huida de ese lugar maldito empieza a cobrar fuerza en su interior.

“Se preguntó qué ocurriría si los hombres adquiriesen la costumbre de saludar el nuevo día con el coro de sus gritos de desesperación.”

Con una gran capacidad para imaginar, Trelkovsky sufrirá un proceso de despersonalización que le llevará directamente a sufrir manías persecutorias. Empezará a ver complots contra él en todos los lugares y en todas las personas que se crucen en su vida, se sentirá presionado y agobiado por las burlas a las que es sometido (unas bromas que son tomadas como amenazas), incluso, la enfermedad que llega a padecer es tomada como un fenómeno de revelación interior, mientras las alucinaciones febriles son consideradas como una realidad incuestionable. Esta ausencia total de autocontrol le convertirá en una presa fácil para todo tipo de psicopatías y paranoias, y esperpénticas visiones se le aparecerán con una frecuencia creciente. El miedo irracional, el miedo a la oscuridad y a los seres que en ella se ocultan, el miedo a los demás, le irán convirtiendo en una persona fácilmente irritable debido a su profundo sentimiento de inferioridad. Lleno de obsesiones, Trelkovsky pasará a ser un voyeur en la intimidad, y en su faceta más externa y social, nada podrá impedir sus ataques de violencia contra los débiles, los cuales son tomados como chivos expiatorios de su delicada y peligrosa situación personal por su subconsciente. Metido en esta acelerada espiral de degeneración mental, Roland Topor irá preparando poco a poco al lector para un final que creerá conocer, pero será sorprendido con un desenlace muy inteligente y de lo más inesperado.

“Los caracteres de las letras debían ser sánscritos o hebreos.”

El estilo literario de Roland Topor (1938-1997) me ha encantado porque es muy directo, jugando magistralmente con la realidad y la ficción, con el realismo y el surrealismo. “El Quimérico Inquilino” fue su primera novela, publicada en el año 1964, y se nota cierta influencia recibida por los conceptos desarrollados por el Grupo Pánico, un proyecto artístico fundado por este autor junto a Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal en el año 1960. Además, unos años después de su publicación, esta historia llegaría a cautivar al director de cine Roman Polansky hasta el punto de servirle como guión de una de sus películas. Desde luego, Valdemar ha tenido todo un acierto literario al publicar esta obra en su edición en español y, además, con un más que adecuado uso de los dibujos realizados por el autor en la definición final de este libro (como apunte, indicar que la mitológica figura de la portada fue creada por el propio Topor en el año 1987). “El Quimérico Inquilino”, una novela que bien pudiera ser el caramelo ideal para un psiquiatra. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“¡Yo no soy Simone Choule!”

Lux_Atman

Artículo Nº: 378
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