martes, enero 06, 2009

“CANTOS DE MALDOROR”, ISIDORE DUCASSE (Conde de Lautréamont).

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Publicado por: VISOR LIBROS.
ISBN: 84-7522-374-5
Edición: 1997

“El hombre dice hipócritamente sí y piensa no.”

En este medio de información cultural underground no he encontrado una manera mejor de celebrar este día de Reyes que ofrecer a nuestros bibliófilos lectores, esta reseña literaria sobre el pilar más oscuro que se haya esculpido con palabras dentro del pensamiento decadentista nacido en el siglo XIX: la incomparable obra “Cantos de Maldoror” escrita por el Conde de Lautréamont, seudónimo utilizado por el poeta Isidore Ducasse en la publicación de este libro. Junto a otro genial poeta como Arthur Rimbaud, es considerado como uno de los poetas malditos más ilustres de ese convulso siglo, y no será hasta la llegada de André Breton y su Movimiento Surrealista en el siglo XX, cuando Isidore Ducasse finalmente se convierta en la figura literaria aclamada y reverenciada hasta nuestros días. Tanto los “Cantos de Maldoror”, como sus “Poesías”, pasan a ser consideradas como obras literarias de culto por excelencia.

“Si existo es porque yo no soy otro.”

Escrito entre los años 1868 y 1869, y publicado en 1869, el libro “Cantos de Maldoror” se presenta artísticamente como pura poesía en prosa, siendo el fruto literario más excelso y siniestro que la privilegiada mente de este joven de 22 años daría al mundo, y cuya vida terminaría antes de cumplir los 25 (Montevideo, Uruguay, 4 de abril de 1846 – París, Francia, 24 de noviembre de 1870). Vertebrado en seis Cantos, de lo que no hay duda es que de “Cantos de Maldoror” se destila sadismo cuyas gotas van cayendo poco a poco en el lujurioso frasco de la perversión. Con el detalle en la descripción con intensa fuerza lírica, en “Cantos de Maldoror”, los bibliófilos lectores de Lux Atenea Webzine también encontrarán pasión en la narración, belleza gramatical vestida con el terciopelo negro de la tinta, y confesiones cubiertas completamente por el lado tenebroso del alma humana. Y es que en esta obra tan provocadora y contundente, la vida se ve como una peligrosa y letal fantasmagoría al acecho, siendo el Conde de Lautréamont quien reclame sus dominios más allá de los límites marcados por la moral.

“Se grabarán estas palabras conmovedoras sobre el mármol de mi tumba, y mis manes se sentirán satisfechos.”

Pero si analizamos esta incomparable obra de forma más precisa y detallada, el Canto I se presenta como el canto más decorado y con más plasticidad lírica, haciendo Isidore Ducasse un uso constante de la imagen animal como símbolo, como referencia directa a su pensamiento. La primera toma de contacto con “Cantos de Maldoror” es dura, ácida, y con algunos fragmentos que provocan repulsión. La sinceridad que Isidore Ducasse desarrolla a lo largo de toda la obra escandaliza, pero ese es precisamente su sello, su marca en esta obra que no deja indiferente a nadie. El Canto II, en cambio, es más conceptual y directo dentro de la visión indirecta ofrecida por su personaje principal, Maldoror. Aquí, el poeta sigue provocando al lector pero de otra forma, ahondando en el detalle que asaltará de forma violenta a la mente. Mucho más escatológico es el Canto III, más depravado y provocativo, extendiéndose el autor en el espectáculo barroco de las acciones tortuosas que elevarán un poco más la inmoralidad latente en estos párrafos llenos de corrupción. En el Canto IV, el Conde de Lautréamont juega con el peso de lo supuestamente correcto y decoroso dentro de la balanza moral y ética, y que en realidad no es otra cosa que la máscara de la maldad convertida en ejemplo de bondad de cara al exterior. Por este motivo, el Canto IV es el más crítico, el más sarcástico, al transformarse en potentes descargas directas a las bases que dan sentido a la sociedad y a quienes forman parte de ella, en una doble cara llena de hipocresía y de falsedad. En el Canto V, Isidore Ducasse retorna al uso constante del símbolo como ya hizo en el Canto I, pero su esencia es mucho más siniestra, más luciferina y obscura. Un viaje tenebroso que resultará mucho más corto que los otros, pero mucho más inclemente y atroz. El final de esta obra llegará con el Canto VI, quedando inquietantemente perfumada con un toque melancólico que parece tender a justificar lo injustificable, siendo precisamente esto lo que eleve la gravedad de todo lo acontecido en las páginas anteriores. En definitiva, seis Cantos que se convierten en seis niveles mentales a superar, o en seis monstruos creados para provocar y espantar a aquellos que se vean reflejados en sus páginas, y no quieran verse a sí mismos con tanta nitidez y claridad.

“Debes de ser poderoso; pues tienes un rostro más que humano, triste como el universo, hermoso como el suicidio.”

Y si nos centramos en el análisis de su personaje principal, Maldoror, le caracteriza su visión ácrata de la vida dentro de una actitud rebelde que es la imagen del individualismo llevado al extremo. Sin duda, la figura de Maldoror es la Muerte andando sobre la tierra. Es la ausencia de conciencia alguna al cometer actos de barbarie, y la falta absoluta de consciencia a la hora de analizar las nefastas consecuencias implícitas en esas repugnantes acciones. Por este motivo, Maldoror se presentará en estas páginas como un ser humano sin limitaciones, un nuevo Calígula autoproclamado como Dios, y un aspirante a la inmortalidad que en realidad está cavando la tumba que le apartará inexorablemente de la eternidad. Todo es extremo en Maldoror en su paso por la vida, atacando sin contemplaciones a otros seres humanos porque los desprecia, y porque la supuesta obra sagrada de Dios le repugna. Por este motivo, en los años posteriores a la publicación de esta obra se estableció un paralelismo entre la figura de Maldoror y Satanás, el ángel caído, convirtiendo al libro “Cantos de Maldoror” en una obra maldita, en algo blasfemo, satánico, ya que la Iglesia siempre a considerado a los seres humanos como hijos de Dios creados a su imagen y semejanza. Pero, como nos indica este autor en boca de Maldoror, si así es el hijo y su tierra, así debe ser entonces el Padre y su Cielo.

“Ya que el cielo ha sido hecho por Dios al igual que la tierra, ten por seguro que encontrarás en aquel los mismos males que aquí abajo.”

“Cantos de Maldoror” quedó impregnado de furiosa misantropía que se mueve entre los actos más salvajes y violentos del hombre contra sus semejantes, y el sarcasmo y la burla más refinada contra ese elegido de Dios que no es más que un mortal virus contra todo ser vivo que exista sobre la faz de la Tierra. Un ser con el sagrado don divino para convertir el Paraíso terrenal en un terrible Infierno, y sin que el propio Satanás tenga que mover un dedo para persuadir o convencer al ser humano sobre los oscuros motivos que le moverán a seguir ejecutando esas acciones hasta el final. La apocalíptica batuta humana no necesita aprendices como Satán o Satanás para saber cómo transformar a la belleza eterna e inmortal de lo sacro, en irónicas sonrisas de la Muerte y del Caos bailando sobre los gritos y los lamentos de una Humanidad plagada de actos violentos, de crueldades horrendas, y de pensamientos atroces listos para ser convertidos en realidad. ¿Estaba loco este siniestro poeta para escribir con tan descarnada crudeza? A veces la imagen de la locura y de la desesperación no desvela otra cosa que la realidad humana, tantas veces maquillada con la imagen de la felicidad. Felicidad, ¿dónde se encuentra el vergel donde te exiliaste?

“Mi poesía no consistirá sino en atacar, por todos los medios, al hombre, esa bestia fiera, y al Creador, que no debiera haber engendrado semejante parásito.”

Estos textos perfectamente podían sonar como voz en off en cualquier documental sobre la inmisericorde devastación que la Humanidad provoca cuando entra en una salvaje y despiadada espiral de violencia y destrucción. Homo homini lupus. “Cantos de Maldoror” tiene párrafos con duras y reflexivas palabras que quedarían en perfecto equilibrio con las crudas imágenes que se grabaron en conflictos tan crueles e impactantes como Ruanda, Congo, Afganistán, Irak, antigua Yugoslavia, Vietnam, Segunda Guerra Mundial, Primera Guerra Mundial… Porque los escenarios pueden cambiar, pero, en cuanto a su trasfondo, las imágenes y los relatos de esas tragedias humanas siempre hablarán con el mismo lenguaje universal a la mente humana. En definitiva, la lectura de “Cantos de Maldoror” es un shock para la inteligencia y para la sensibilidad, íntimamente relacionadas entre ellas, por ciento. “Cantos de Maldoror”, obra cumbre de la literatura decadentista decimonónica. ¡¡¡Disfrútenlo!!! (o más bien, súfranlo)

“¡Enterrador, es bonito contemplar las ruinas de las ciudades; pero es más bonito contemplar las ruinas de los humanos!”

Félix V. Díaz
RESEÑA Nº: 319
En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

Otras reseñas recomendadas:
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