viernes, diciembre 05, 2008

GIUSEPPE UNGARETTI “EL CUADERNO DEL VIEJO”.

Publicado por: EDITORIAL PRE-TEXTOS.
ISBN: 84-8191-313-8 Edición: 2000

“¿Nada más en el corazón
sino amargas sorpresas del recuerdo
en una carne exhausta?”


La Vejez. Ese monstruo tan temido en estos tiempos modernos atados a lo joven, a lo imperecedero, a lo vital, a lo saludable, a lo enérgico y jovial. Hablar de lo viejo ya suena mal a muchos, les suena a antiguo, les suena a enfermedad, a desamparo, a decrepitud,… a muerte. Y la muerte es un tabú, aquello que no debe ser nombrado en esta era de ciencia y razón, al igual que en otras épocas más religiosas estaba mal visto nombrar al señor del mal.

El Tiempo. Vivimos dentro de una red de carreteras marcada por el tiempo, moviéndonos de un lado a otro para intentar coger ese camino que nos aleje de su influencia. Pero el tiempo es implacable. Mucho más implacable aun si se le ignora, si se le magnifica, si se teme su mención como a un presagio de la muerte. Pero, ¿Qué sería de la vida tal y como la conocemos sin el tiempo? Una reproducción perpetua, un colapso de la Humanidad, como muy bien nos narra Don José Saramago en su libro “Las Intermitencias de la Muerte”. ¿Qué sería de la sabiduría humana sin los sabios que se adentraron en el territorio de la vejez? Sé que en estos momentos que vivimos, hablar de las bondades de la vejez puede resultar un tanto frívolo, sin sentido alguno, pero desde el punto de vista de Ungaretti, este gran poeta de todos los tiempos, vejez es tiempo vivido, y según cómo se haya vivido, así será sentida esa vejez.

Vejez es sinónimo de reflexión para este genio de la poesía, y la poesía en sí misma, se convierte en el medio perfecto para describir con palabras aquello que solamente puede ser sentido, no narrado. La magia contenida en lo poético se mueve como pez en el agua a la hora de trasmitir esa experiencia fruto de la reflexión, fruto de lo sentido, fruto de lo aprendido tras el fracaso. Y si algo en esta vida te ofrece esa experiencia que evita que caigamos de nuevo en el error, ¿cómo podemos maldecir y repudiar las palabras que lo dan nombre? Cuando nacemos, traemos una barra de pan debajo del brazo según la tradición, pero en realidad, lo que sí traemos es un reloj de arena que ha sido puesto en funcionamiento en el momento de nuestro alumbramiento. Esa arena que cae, de la cual no somos conscientes en nuestra infancia y parte de nuestra adolescencia, toma un valor excesivamente protagonista en la vida de uno en cuanto pasa a formar parte de este gran engranaje llamado sociedad. Y curiosamente, en esa misma sociedad que nos obliga a dar más importancia a la consciencia del tiempo trascurrido y los problemas que trae consigo, sobrevalora mucho más aun el aspecto y la mentalidad joven entre quienes participan en su reinado. Esta dinámica de obligada concienciación del tiempo, que provoca el ver acelerada la caída de la arena en nuestro reloj, unida al culto a lo joven, crea poderosos fantasmas en el interior de las mentes de sus ciudadanos que les llevan a dejar de ser tal y como la propia Madre Naturaleza ha tratado que seamos físicamente.

Tiempo. Vejez. Reflexión. Experiencia. Muerte. Un inevitable ciclo unido a la vida humana que Giuseppe Ungaretti ha sabido convertir en bella y reveladora poesía en esta magnífica obra. “El Cuaderno del Viejo”, no se dejen influenciar por las absurdas e irreales lógicas que menosprecian el esencial fundamento de la propia vejez. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

“Dudaste, y el vuelo
se perdió por ti,
y te busco en el eco…”


Lux_Atman

Artículo Nº: 313
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