sábado, abril 05, 2008

“TRATADO DEL FUEGO Y DE LA SAL”, BLAISE DE VIGENERE.

Publicado por: EDICIONES ÍNDIGO.
ISBN: 84-86668-59-X
Edición: 1992

”No hablar de Dios sin luz, y aplicar en todos sus sacrificios y ofrendas la sal”

En el año 1618, “Tratado del Fuego y de la Sal” fue publicado como obra póstuma del autor gracias a la voluntad y al deseo personal de su viuda, tras encontrar estos papeles entre sus pertenencias. Más que un tratado o que un libro esotérico, esta obra es más bien un conjunto de anotaciones e impresiones realizadas por el propio Blaise de Vigenère en sus estudios sobre Cábala, Alquimia, Hermetismo,… así como de otras corrientes místicas que lo influenciaron en su búsqueda interior. En “Tratado del Fuego y de la Sal” podemos observar esa primitiva raíz cristiana esencial, esa base y doctrina totalmente alejada de lo exotérico y de lo ceremonial, para dar paso a las verdaderas claves que iluminan el destino del espíritu.

”El fuego es una manifestación de Dios que purifica e ilumina al hombre interior.”

“Tratado del Fuego y de la Sal” es una obra que nos habla de lo puro, de cómo dar luz a lo oscuro, a lo impuro, a lo aferrado fuertemente al caduco mundo de lo material. Porque el fuego y el aire son los dos únicos elementos con movimiento propio, todo lo contrario al agua y a la tierra, que han de ser influidos por otros elementos para alcanzar ese movimiento. Todo el mundo sabe que el componente mayoritario en nuestro cuerpo es el agua, y en un porcentaje muy elevado. Somos eso mismo, carne y huesos, materia y agua, y como tales, podemos ser influidos por la acción del fuego y del aire para alterar y mover nuestra energía vital, nuestro espíritu. Pero en este caso, no nos estamos refiriendo a un fuego físico, observable, que se puede ver y tocar, sino que hablamos del fuego como símbolo de la iluminación divina. Y hablamos de la sal no como componente químico, sino como sabiduría que nos permitirá conservar la pureza de espíritu alcanzada gracias a la acción del fuego. Por lo tanto, dejen ese fuego y esa sal química a un lado, e intenten comprender a qué otro fuego y sal nos referimos.

”… en cuanto a la sal se refiere, que purifica, cuece, madura y hace incorruptible al hombre exterior, la víctima… ”

El fuego nos permite elevarnos por encima de lo terrenal, de lo material, porque la propia ley que gobierna lo terrestre nos deja anclados, fijos a la superficie de las cosas. Gracias al fuego, lo celestial pasa a ser algo cercano, algo sentido, algo asimilado en el espíritu. Cuando el fuego entra en acción, el alma encuentra su armonía. Con el fuego, el alma encuentra su verdadera realidad perdida, una realidad incompatible con la dureza y la inmovilidad de lo material. El fuego es la clave fundamental para poder pasar por los tres estados místicos: Nigredo, Rubedo y Albedo; negro, rojo y blanco. Fuego y Dios, una unión simbólica casi universal en la historia religiosa del ser humano.

”Todo hombre será salado por el fuego y toda víctima será salada por la sal.”

La sal elimina la corrupción y evita que las impurezas se fijen en el espíritu. La sal es la sabiduría, es la encargada de fijar el estímulo divino recibido por la inteligencia. La sal nos desvela, y también, nos descubre todo aquello que tiene capacidad de contaminar el espíritu. Alma e intelecto, y la sal como un puente entre los dos lados de nuestra realidad existencial. Pero la sal sin el fuego no encuentra su sentido, su lugar, su equilibrio. La sal necesita el influjo divino para mostrarse ante el individuo deseoso de unirse a Dios. Y en cambio, los efectos del fuego sin presencia de la sal serán caducos en vez de perennes. La sal no permite que otros factores puedan corromper aquello que el fuego purificó, de ahí la importancia de la sal en la vida del ser místico. Al igual que en la vida del ser material y físico, que ha de tomar ciertas dosis de sal en su alimentación para conservar el correcto funcionamiento de su cuerpo, la sal mística también debe ser asimilada por el ser entregado espiritualmente a Dios.

”Los ríos llenos de meandros son más fáciles para navegar que los que discurren impetuosamente en línea recta”

En las páginas del “Tratado del Fuego y de la Sal” encontrarán también referencias a la Cábala, a los diez de Sephirot, a las dos caras que nos pueden mostrar los cuatro elementos, a la relación de estos cuatro elementos y el cuerpo, a Elohim, a Adonai, a Sais, a los tres mundos existenciales, a la doble cara de estos tres mundos, a la Alquimia,… un largo etcétera sobre temas relacionados con el misticismo. Es verdad que esta obra contiene algunos conceptos ya superados en la actualidad, pero si los pusiéramos en un lado de la balanza, y en el otro todo, lo acertado y fidedigno, pesaría mucho más este último apartado. He ahí el por qué de esta recomendación como obra imprescindible para aquellas personas interesadas en el conocimiento esotérico. “Tratado del Fuego y de la Sal”, la pureza mística sigue vigente centuria tras centuria. ¡¡¡Disfrútenlo!!!

”Nuestro Dios es un fuego que consume.”

Lux_Atman

Artículo Nº: 264
.

No hay comentarios:

More Visited: