miércoles, octubre 17, 2007

WILLIAM SHAKESPEARE “CORIOLANO”.

WILLIAM SHAKESPEARE, OBRAS COMPLETAS X.

Publicado por : RBA
ISBN : 84-473-2932-1 Edición : 2003

“...Dame un beso largo como mi destierro, dulce como la venganza.”

Si el lector quiere encontrar un libro de William Shakespeare con una trama intensa, tanto en los hechos como en los escenarios, esta obra no es otra que “Coriolano”, la historia de un laureado y valiente militar romano que acaba sufriendo la injusticia a manos de los mismos ciudadanos a los que defendió. En “Coriolano”, el combate es impetuoso, viril pero sin picardía, sin esa visión maquiavélica que lo podría convertir en crucial. En definitiva, en invencible. Un combate que lo podría encumbrar al poder para no abandonarlo jamás, porque Coriolano es la fuerza interior poderosa y desmedida, imparable, pero cuyo centro de gravedad puede ser manipulado por agentes externos en pro de su perjuicio. El refrán “más vale maña que fuerza” se hará presente durante todo el desarrollo de esta obra literaria.

Coriolano es un héroe, y como buen militar romano, realiza el culto al valor y a la valentía. La retirada, la derrota, el deshonor no tienen cabida en dentro de su enérgico ser, pero en una persona de su posición y poder, tan hinchado orgullo suele conllevar un irremediable fracaso futuro. Un aspecto de su personalidad que queda más acentuado aun al no ser magnánimo. Porque Coriolano es el orgullo extremo que no acepta oposición ni sombra, y la clemencia, es tomada por su persona como un intento de humillación.

Pero Coriolano es un ser con grandes virtudes. La codicia no lo trata de tentar porque no es esclavo de lo material. La ambición no osa decir su nombre porque en sus principios no tiene refugio. La adulación, o la pleitesía, es rechazada por su fétido olor. Porque él es íntegro e insensible al dolor que provoca la verdad que sale de sus labios. Coriolano es noble, y cae debido a su negativa a no decir la verdad porque, como hombre virtuoso que es, como héroe, desprecia la mentira. Por este motivo, despreciará al populacho infecto por la falta de principios. Por este motivo, se convierte en un ser solitario enfrentado a una multitud hostil, cuando en realidad, esta debería estarle más que agradecida por los siglos de los siglos.

“...Mejor quiero servirlos a mi manera, que mandar sobre ellos.”

Existe un nexo de unión entre Timón de Atenas y Coriolano: su pueblo, sus gentes, los han despreciado, los han humillado. A Timón, negándole una caridad de sobra merecida, y a Coriolano, expulsándole de una ciudad que tantas veces había defendido y salvado de la catástrofe. En ambos casos, el súmmum de la ingratitud. Coriolano es franco, sano, claro. Como Timón, dice las cosas que piensa a las claras, sin importarle lo que la gente piense de ellas. Y para Coriolano, los hombres están con él, o contra él. No existe el término medio. Las cosas son blancas o negras. Los seres grises le parecen de los más despreciables.

“...Nunca ha sido mi intención pedir limosna a los pobres.”

A la plebe le gusta de ver caer a aquellos que poseen principios férreos, inamovibles. Oponen el victorioso peso de su número a la perfecta ligereza de la Bella Virtud. Coriolano desprecia lo plebeyo, le gusta someter a la plebe y esta conducta tiende a irritarla, y volverse en su contra. Coriolano desprecia la opinión pública, y si viviera en estos días, indudablemente sería considerado como “hombre políticamente muy incorrecto” y tildado de fascista hasta la médula. Así, en esta obra podemos ver el reflejo del inmenso poder de la palabra, capaz de derribar al ser más poderoso si este no lo respeta, ni atiende. Coriolano acaba siendo la oveja en el rebaño de los lobos disfrazados de tiernas y dulces ovejitas.

“...Pastores del rebaño de plebeyos bestias, una conversación algo más larga con vosotros apestaría mi cerebro.”

El héroe cae derrotado ante tal avalancha opositora porque el héroe no ha nacido para vivir entre hombres, sino para vivir en el Universo Celestial, al lado de seres luminosos como él. Es un heraldo del Poder Omnipresente, y la derrota en la tierra se convierte en la garantía para entrar en el trono divino. Lo terrestre tan solo es una prueba, la última y más dificultosa prueba antes de entrar en el Reino Sagrado de la Pureza, de lo Eterno.

“...La adversidad es la escuela de las almas.”

Coriolano es el personaje más cercano al pensamiento de William Shakespeare, pensamiento caracterizado por ese rechazo a la muchedumbre, al rebaño humano. Una unión humana basada en aspectos de lo más inhumanos, de lo más bajo, repugnante y rastrero. La civilización es el individuo brillante, especial, poseedor de dones que permiten cambiar y evolucionar a la plebe. Porque el vulgo es en sí, caprichoso, degenerado, corrupto y decadente, y si no fuera por los héroes, la existencia humana se habría ya podrido entre tanta suciedad y abandono.

Pero Coriolano tiene su punto débil al ser tan fuerte su pasión, y al dar ese valor tan exagerado a la familia, institución que le lleva a traicionar su independencia. Coriolano es leal a la familia. Por encima de todo, su mayor debilidad es la ignorancia del amor, de la nula caridad dada con nobleza, del carente amor visto y sentido con inocencia, de la amabilidad nunca ofrecida ante lo justo, lo trabajado, lo que ha merecido esa recompensa ante el esfuerzo realizado. Coriolano se ciega un poco de victoria, comportándose con los demás con unas formas despóticas fuera de lugar, con una ausencia de ecuanimidad que se convertirá en el peor de los venenos con el tiempo.

“El genio que más conciencia tenga de sí mismo no tiene sepultura más segura que la cátedra desde la cual encarece sus propios actos.”

La masa humana es una veleta que gira siempre a favor del viento más fuerte. No tiene memoria, y acostumbra a pasar rápidamente página a la hora de olvidar lo magnífico, lo extraordinario. Por eso, sus vítores se evaporan con la misma ligereza que fueron ofrecidos. En la masa humana, hasta lo perenne lo acaban convirtiendo en caduco. Si buscan pruebas de lo que escribo, lean este libro, “Coriolano”, y ¡¡¡disfrútenlo!!!.

“Vuestras simpatías son como el apetito de un enfermo, que siempre desea lo que puede agravar sus dolencias.”

Lux_Atman

Artículo Nº: 229
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