domingo, diciembre 10, 2006

ROBERT WALSER “LA ROSA”.

Publicado por : Siruela
ISBN : 84-7844-381-9
Edición : 1998

¿Prefiere estar en un segundo plano a ser protagonista? ¿Eres de quienes que disfrutan con la observación del mundo que te rodea? ¿Es la soledad el confidente secreto de sus experiencias en la vida? ¿Pertenece a esa minoría que se fija más en la flor que en el ramo? Pues aquí tiene “La Rosa” que andaba buscando.

“¿Qué si me gustaría estar rodeado de gente? ¿Por qué no? Pero encuentro que el trato con la gente nos vuelve irreflexivos. Las distracciones incomodan.”

Aquí le traigo otro artículo sobre el que fue el último libro publicado por su autor. Pero si el tiempo, o la falta de interés, no le han permitido poder observar el mundo a través de la mirada de este “loco”, espero hacerle atractiva la obra de este escritor clave en la historia de la literatura del siglo XX, porque leer a Robert Walser, pasearse por las páginas de una novela como “La Rosa” es un acto propio de quien deja el resultado de sus creaciones en manos del destino. Es leer esas frases que uno mismo le gustaría ser capaz de escribir sobre su visión de lo que es vivir, de lo que es la vida pero sin ningún tipo de tapujos ni influencias. Con total libertad, o mejor dicho, con la certeza de quien ama su carácter individual, propiedad de incalculable valor que define perfectamente al incansable buscador de periodos de tranquilidad que le permitan huir de las garras del exceso de actividad, porque en la Humanidad, pensamiento y excesiva ocupación nunca han ido muy bien cogidos de la mano.

“A las personas que me cogen afecto las dejo construir el edificio de su amistad todo el tiempo que quieran; jamás las molesto, pues no les presto ninguna atención.”

Parar. Quedar convertido en una roca que todo lo ve, que todo lo oye, que todo lo absorbe, pero cuya presencia no suele ser ni percibida ni tomada en cuenta. En resumidas cuentas, hacer una reserva en el paraíso del sabio maestro. Paraíso. Discernimiento. Contemplación. Nulidad de cara a lo exterior cual niebla con la que ocultar las intensas llamas internas que nos hacen sentir vivos. Fuego. Luz intensa que cubrimos con negras cortinas sólo para, tras echarlas a un lado, permitir su visión a otros adoradores de lo desconocido, de lo no visible, de la rareza, de la enigmática esencia, de esa Verdad que tuvo que emigrar del país de las Sonrisas Infames tras ser declarada como principal fuente del Mal sobre la tierra.

“Oirá el canto del río primigenio a través de las horas silenciosas. En sus esfuerzos por volver hacia sí mismo, se ensanchará.”

¿Se siente Uno en el Todo, y huye de la uniformidad cegadora reinante? Entonces eres inmune al veneno de las espinas de esta rosa. Disfrútenlo.

Lux_Atman

Artículo Nº: 116
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