domingo, diciembre 03, 2006

PERCY BYSSHE SHELLEY “NO DESPERTÉIS A LA SERPIENTE” (Semana de la Poesía 2006 1ª EDICIÓN)

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Publicado por : HIPERIÓN
ISBN : 84-7517-328-4
Edición : 1997

Percy Bysshe Shelley es el nombre del glorioso poeta de Romanticismo que he elegido para protagonizar el acto de clausura de la Semana de la Poesía 2006. Que la grandeza poética cierre esta semana tan especial para mí dedicada como máxima ofrenda al sentimiento literario más sublime.

Percy Bysshe Shelley. Sólo pronunciar su nombre es provocar la estimulación de nuestro cerebro con la maravillosa dimensión de sus versos, frutos de una mente especialmente sensible y maravillada con los diferentes rostros y galas con los que la Belleza acostumbra engalanarse para el deleite de los videntes de la pureza. Considerado por los expertos como el poeta inglés más grandioso y excelso del Romanticismo, Percy Bysshe Shelley siempre debe ser observado, analizado y valorado como uno de los pilares fundamentales de la sensibilidad gótica porque leer los versos de Shelley es sentirse identificado con un alma afín en la lejanía del tiempo pasado. Leer los versos de Shelley es comprender y asimilar que, ya sea en la Grecia Clásica, en el Medievo o en el Romanticismo, el espíritu gótico siempre ha existido desde los inicios de nuestra civilización europea porque, en el fondo, poseer un alma gótica es bañarse todas las noches en los mares de la sensibilidad y de la Cultura para poder soportar el triste devenir de nuestra existencia durante el día. Por este motivo, leer y sentir a Shelley es ahondar y reforzar nuestras raíces góticas con conceptual firmeza.

Shelley nació el 4 de agosto de 1792 en Field Place (Sussex, Inglaterra), deslumbrante lugar que destacaba por los prados, ríos y lagos que lo rodeaban. Este privilegiado entorno natural tendrá en él un efecto imborrable que será crucial en su visión de la vida y de la Madre Naturaleza, considerando a esta localidad como una porción del Paraíso sobre la Tierra. Bautizado con el nombre de Percy Bysshe Shelley, será educado en un matriarcado en donde la sensibilidad y la armonía se convierten en el vehículo mediante el cual Shelley asimilará el mundo desde su infancia. Ya desde joven, recibe clases de latín y de cultura clásica en donde la poesía empieza a apasionarle, provocando que Shelley escriba su primer poema a la edad de diez años. El futuro poeta se sentirá irresistiblemente atraído por la novela gótica y por la Ciencia más innovadora del momento, matriculándose posteriormente en Oxford donde se identificará completamente con el espíritu romántico decimonónico a través de publicaciones. Amor y poesía complementarán esta etapa de maduración en la vida, siendo truncada tras su expulsión por haber escrito un alegato de corte ateo. Desde ese preciso momento, la vida de Shelley será un camino plagado de amores y desamores, de viajes constantes y de periodos sedentarios llenos de inspiración, de amistades cautivadoras e de impactantes muertes muy sentidas, de vicios y de creaciones supremas, de vida perfumada por la belleza vivida y por la melancolía depresiva e incurable. En definitiva, durante su corta existencia en este mundo, Shelley bebe y paladea gustosamente la ambrosía más pasional que un ser humano pueda saborear y, a consecuencia de ello, el hado celestial apartó a su ser de nuestro mundo con una muerte prematura como pago por el privilegio disfrutado.

“ Ya se profana mucho la palabra
como para que la profane yo.
Ya se desprecia mucho el sentimiento
como para que lo desprecies tú.
Ya la esperanza es casi un desengaño
como para que la ahogue la prudencia.
Y la piedad que brota de tu alma
es más querida que la de cualquiera.”


Shelley, el poeta.

La importancia cultural de Shelley en la poesía del Romanticismo es similar a la importancia de la vela y del incienso en la ceremonia religiosa, a la importancia de la sal en el mar, del azúcar en el exquisito pastel, o de las flores en la ofrenda. Pero Shelley, aparte de un genial poeta, también es un revolucionario opuesto al sistema imperante en Inglaterra y en Europa a principios del siglo XIX. De ideas republicanas, escribirá sobre la injusticia social, sobre la prístina visión del mundo mostrada por Napoleón (pese a estar más cercana su imagen a la de un emperador dictatorial que a la de un libertador), o denunciando de forma contundente la opresora acción de los monarcas sobre el pueblo llano con explícitas referencias cargadas de sarcasmo, al igual que mostrará su profundo rechazo a la complicidad de los parlamentarios, de los senadores y de la curia religiosa con la dramática situación que se vivía en aquella época.

“ Rey viejo, loco, ciego, odiado y moribundo.
Príncipes convertidos en heces de su raza
y aun en escarnio público, con fango hasta los dientes.
Gobernantes ineptos, cegados e insensibles,
sanguijuelas colgadas de un país arruinado
que, repletas de sangre, se caen por su peso.
Un pueblo apuñalado y hambriento, sin cosechas.
Un ejército, espada de dos filos, que en contra
del tirano y sus víctimas podría rebelarse.
Leyes de oro cruentas que incitan y castigan.
Religión sin un Cristo, sin Dios: libro cerrado.
Un Senado que impone un injusto estatuto.
Son tumbas de las cuales puede alzarse un Fantasma
glorioso que ilumine nuestros tiempos convulsos ”.


Pero Shelley, como privilegiado mensajero literario de las ideas Románticas, es ante todo sensibilidad a flor de piel. Igual nos embarca en un fascinante viaje a bordo de un velero de cristal como reflejo de los apacibles rayos de su imaginación enfocados al Ideal, como nos sube al siniestro vagón de un fantasmagórico tren que lleva directamente a los parajes más desolados y fúnebres de nuestra existencia humana. Por su fértil talento, Percy Bysshe Shelley entró en el ilustre, memorable e imperecedero templo de Melpómene tras haber creado el más delicado, bello y excelso canto fúnebre jamás escrito por un poeta en honor a otro: la elegía “Adonais”, dedicada al inigualable poeta inglés John Keats. De tal magnitud fue su grandeza literaria y, por este motivo, su obra debe de seguir estando presente a lo largo de los siglos como sentido tributo a su relevancia cultural en Europa.

“Haya paz, que él no ha muerto; paz, que no está dormido;
que ya se ha despertado del sueño de la vida.
Y nosotros, perdidos en visiones sombrías,
entablamos inútiles batallas con quimeras,
y apuñalamos, locos, con el filo del alma,
invulnerables nadas. Somos como cadáveres
que en la tumba se pudren; el miedo y el dolor
nos consumen y agitan, mientras fríos deseos
pululan como hormigas en nuestro barro vivo”.


Pero todo inicio tiene su final, y este es el cierre analítico de mi reseña sobre esta magnífica edición del libro “No Despertéis a la Serpiente” que contiene la gloriosa obra de Shelley, publicado en el año 1997 por la prestigiosa editorial Hiperión. Como anécdota histórica en la vida de Percy Bysshe Shelley, quisiera destacar a los bibliófilos lectores de Lux Atenea Webzine la increíble y sobrecogedora inspiración que tuvo su esposa Mary en el periodo estival de 1816, año en el cual no hubo verano en el hemisferio norte debido a la erupción del Monte Tambora (Indonesia) en abril de 1815, dando vida posteriormente a una de las obras literarias góticas más famosas. Allí, en Villa Diodati, situada cerca del lago de Ginebra (Suiza), Lord Byron, John Polidori, Percy Bysshe Shelley y su mujer Mary convertirían esa reunión en una de las más fructíferas en la Historia de la Literatura en vista al impresionante fruto cultural que terminaron creando respectivamente. Deduzcan qué nombre tenía Mary como esposa de este admirado poeta, al cual he dedicado esta reseña, y descubrirán al instante el nombre de tan fantástico libro. “No Despertéis a la Serpiente”, el don poético de la sensibilidad. ¡¡¡Disfrútenlo!!!.

Félix V. Díaz
RESEÑA Nº: 101
En Lux Atenea Webzine solamente escribo y publico reseñas sobre ediciones originales que he comprado, o recibido como promocional.

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