lunes, noviembre 27, 2006

GIUSEPPE UNGARETTI “EL DOLOR” (Semana de la Poesía 2006 1ª EDICIÓN).


Publicado por : Igitur
ISBN : 84-95142-07-4
Edición : 2000

Desde hace algunos años, unas veces el azar y otras la búsqueda constante e incansable, me han ido mostrando obras literarias italianas, especialmente poesías, de un incalculable valor humano y cultural. Próximamente incluiré un artículo sobre el libro “Diario Póstumo” del poeta italiano Eugenio Montale, ya que una vez terminado la realización del mismo, me vino instantáneamente el pensamiento de escribir otro artículo sobre otro gran libro de poesías, “El Dolor”. Su autor, Giuseppe Ungaretti. Su inspiración: la muerte de su hijo Antonietto a la temprana edad de 9 años. La relación encontrada entre las dos obras poéticas no es otra que la sobrecogedora visión de una muerte cercana: la de un hijo en el caso de Ungaretti, y la propia, por parte de Montale.

Un Juego Irrenunciable y Mortífero

Desde nuestro nacimiento, todos los humanos jugamos con la Muerte a un perverso juego. El único objetivo del mismo es intentar ganar el mayor número de partidas, o en el peor de los casos, alargar su tiempo de desarrollo en todo lo posible, porque si algo encontramos con certeza en este maléfico juego, es que más tarde o más temprano la partida clave o definitiva habremos de perderla irremediablemente. ¡La Muerte siempre gana!, es más, desde el principio de los tiempos no se conoce a ningún ser viviente, o jugador, que haya conseguido alguna vez derrotarla definitivamente gracias al evanescente don de la inmortalidad. En el caso de Ungaretti, ve esa amarga derrota en su querido hijo.

Aunque el libro empieza con el poema “Todo Lo He Perdido” (1937) en memoria de su hermano, no es hasta llegar a los poemas “Día Tras Día” (1940 - 1946), y “El Tiempo Es Mudo” (1940 - 1945), en donde encontraremos el reflejo del sufrimiento vivido por el poeta ante tan dolorosa pérdida. En la lectura de estos duros, impactantes y sensibles poemas, percibimos claramente como ese dolor profundo va haciendo acto de presencia, desgarrando físicamente a Ungaretti. Los efectos del dolor sobre su cuerpo son perfectamente mostrados en sus palabras, llegando a provocar en el lector sentimientos compasivos hacia el autor. Pero según avanzamos sobre tan trágicas palabras, comienza a fraguarse en nuestra mente la idea de una posible salida a su triste situación, porque en el fondo, analíticamente hablando, Ungaretti quiere salir de esa agónica situación. Toma consciencia de encontrarse en una situación de caída libre hacia su propia destrucción. Ve claramente su posible final, pero una chispa de vitalidad empieza a hacerlo renacer casi, de sus propias cenizas. Ungaretti comienza a observar el mundo que le rodea desde una burbuja dimensionada por su dolor. El poeta, eterno observador, empieza a sentir en su interior una llama existencial nunca antes percibida, y entonces, como por efecto de una ruptura de las sutiles cadenas que lo atenazaban inconscientemente, descubre en esa frágil y débil llama dos leyes fundamentales en la filosofía de nuestra vida como humanos:

- La Muerte convive con nosotros, por más que intentemos negar su existencia.
- Desde las cenizas del fuego devorador de las vivencias propias e intransferibles, se puede resurgir con una nueva verdad sobre lo que somos.

El Calvario En Los Recuerdos

Los recuerdos nunca podrán suplantar al calor recibido en el abrazo del ser querido. Se cambian las luces de la presencia, por las oscuras sombras del recuerdo. Después de la última despedida, solamente los afortunados Dioses acapararán todo su generoso resplandor. Los recuerdos nunca podrán imitar la ruidosa actividad del ser querido, quedándonos a posteriori, con el silencio como compañero y confidente. Los recuerdos no crean ilusión. Nos quedamos únicamente con la esperanza de, en algún momento, salir de nuestra propia espiral de dolor; de parar ese potro de torturas que vuelta tras vuelta, nos desmiembra sin compasión. El hijo desaparecido era su bosque frondoso y florido en primavera. Sus recuerdos dejan ese bosque, con árboles de hoja caduca en imparable transformación, para recibir al frío invierno. El primogénito paralizaba con su presencia, os envites de la muerte; pero al fallecer, lo que queda paralizado es el empuje de la vida.

“ Dejad de matar a los muertos,
No gritéis más, no gritéis
Si aún los queréis oír,
Si esperáis no perecer.

Tienen un imperceptible susurro,
No hacen más rumor
Que el crecer de la hierba,
Dichosa donde no pasa el hombre. ”


Ungaretti versus Marte

En los últimos poemas del libro llamados “Roma Ocupada” (1943 - 1944) y “Los Recuerdos” (1942 - 1946), Ungaretti, como no, condicionado por la muerte de su hijo es testigo de la debacle que supone la guerra para cualquier pueblo. Aquí, vemos a un poeta fiel observador del desastre acontecido a su alrededor, cuestionando cada uno de los motivos que pudieran justificar semejante barbarie. No vamos mucho más allá si hacemos un símil entre ese desolador paisaje y el romo paisaje interno en donde el poeta vive. Como final del libro, el poema “Tierra”, queda como un simbólico acto de esperanza en donde basar el ánimo de un futuro esplendor entre las observadoras ruinas que nos invaden.

“¿Evocaré siempre sin remordimiento
Una encantadora agonía de los sentidos?
Escucha, ciego : Un alma ha partido
Del común castigo aún ilesa . . .

¿Me abatirá menos no oír ya
Los gritos vivos de su pureza
Que sentir casi extinguido en mí
El pavoroso temblor de la culpa? “


Para Ungaretti, es ese dolor un obstáculo final hacia otra nueva perspectiva personal positiva pero que, aún después de superarlo, quedamos afectados con el estruendo de su caída el resto de nuestra vida.Como final, no puedo evitar comentar el continuo recuerdo de una conocida frase perteneciente a una canción del grupo musical Héroes del Silencio, durante la lectura de este libro. Disfrútenlo.

“. . . y el dolor es un ensayo de la Muerte.”

Lux_Atman

Artículo Nº: 91
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