jueves, noviembre 23, 2006

“DEVILS”, GILLES NÉRET.


Publicado por : Taschen
ISBN : 3-8228-2985-4 Edición : 2003

Este libro recopila las obras artísticas que han tratado de reflejar la imagen del Mal personificada en la figura del Diablo. Tanto en cuadros como en grabados, o incluso en esculturas, la diversidad de estilos y formas ha ido variando y evolucionando geográficamente bajo la influencia de las diferentes culturas y etnias humanas a lo largo del tiempo. Porque la evolución cultural ha sido determinante en el momento de establecer unos patrones con los cuales dar cuerpo a este maléfico ser. Cada etnia, con su visión religiosa particular, ha establecido una serie de signos y símbolos que identifican con el Mal, y ante los cuales hay que estar alerta, ante los cuales hay que tener cuidado para no caer bajo su influencia.

Representaciones del Diablo hay tantas como religiones han nacido en la historia del hombre. El Bien y el Mal, una dualidad innata del ser humano religioso. ¿Qué sería del hombre sin la religión?. Hasta en religiones tan poco propensas a ese dualismo extremo como la budista, también existen estas figuras infernales dentro de su marco espiritual. El lado oscuro tiene su lugar dentro de la vida del hombre, de cada ser, y quien sabe si estas supuestas criaturas no tendrán otra morada que el propio cuerpo, que la propia mente, que la propia psique del homo sapiens en su duro peregrinar por los confines de la Tierra.

¿Serán las imágenes de sus introspecciones? ¿Serán estas figuras semejantes a esa esencia destructora y egoísta que todo ser humano tiene en su interior? ¿Existirán verdaderamente estos seres externos que juegan con el ser humano, tratando de llevarlo a su destrucción? ¿O será la visión del propio alma mirando el siniestro reflejo que heredó junto con la carne?. Preguntas y más preguntas sin respuesta pero cuyas palabras, en el caso de este libro, se convierten en imágenes, un medio de expresión que va mucho más allá del significado de las palabras.

En el libro “Devils” encontraremos desde los diablos casi infantiles de Picasso hasta los diablos fantasmagóricos pintados por Matthias Grünewald, desde los siniestros diablos de Francisco de Goya hasta los diablos futuristas de Giger, desde el atractivo Satán de Antoine Wiertz al deforme y repulsivo diablo de Salvator Rosa. Sus ojos verán a negros diablos que sodomizan a condenados sobre ruedas de tortura (obra de un pintor anónimo francés), los cuales incluso, llegan a sodomizar usando teas ardiendo (Giorgio Vasari y Federico Zuccari, 1572-79). Diablos que encandilan a las damas, diablos vividores, diablos que anuncian desde jabón y perfumes hasta bebidas alcohólicas. Diablos representados por morfologías animales que van desde los siniestros diablos orientales devoradores de hombres hasta imágenes que rayan el surrealismo animal, ya sea este medieval (El Bosco) o actual (Félix Labisse). Y como no, un amplio muestrario de la figura del Diablo representada en distintas barajas de Tarot.

El Diablo, una imaginería variada e inagotable cuyo mensaje moral trata de provocar en el espectador el rechazo hacia ese mundo maléfico, ese sangriento y cruel mundo donde el ser humano es destruido de la forma más horrorosa posible. Las representaciones del infierno lleno de seres agonizantes, de seres sangrantes, de seres despedazados sin piedad como divertimento de los diablos que allí moran, se repite una y otra vez. Allí son sometidos a todo tipo de torturas inimaginables sin posible perdón, ni escapatoria. La sangre, el sexo más escabroso, la mutilación y el desamparo se extiende por este reino de fuego y dolor. Todo esto es lo que les espera a aquellos que caigan en las redes del Maligno.

Quisiera hacer hincapié en la excelente selección de muestras pictóricas relacionadas con el mundo de los faunos, de los sátiros, en donde la mujer es el objeto ha conquistar, la figura a ser disfrutada, porque la mujer tiene un papel muy especial dentro de la casuística del Diablo. La mujer es la que se pierde, la que cae con facilidad en los brazos del Maligno, la que no opone resistencia frente a la tentación, o sino, es la sacerdotisa adoradora del Mal, la seguidora fiel del Diablo, la que tienta al hombre con sus encantos para alejarlo del Bien, la que utiliza sus artes de seducción para engañar y corromper. Tanto en uno como en otro aspecto, la figura de la mujer nunca es representada oponiéndose al maligno y derrotándole. Tan solo el hombre, el héroe, es elegido para protagonizar este hecho. Una curiosidad aparentemente intrascendente pero cuyo mensaje condiciona fulminantemente la moral social. La mujer, o es débil, o es fuerte y poderosa pero al servicio del Mal. Tanto en uno como en otro caso, su imagen queda en entredicho.

Como colofón, quisiera destacar la extrema calidad del material utilizado por la editorial. Taschen ha cogido la calidad por bandera, y comprobamos como la selección del tipo de papel, del uso de tintas, de selección de temáticas y en su desarrollo, esta calidad alcanza niveles muy altos sin llegar a convertir sus publicaciones en obras prohibitivas en precio. Actualmente, su calidad/precio la convierten en una atractiva excepción indiscutible. Disfrútenlo.

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Lux_Atman

Artículo Nº: 84
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